Escribe: Rafael Cabañas
Secretario general del Sindicato de Cerveceros Unidos Auténticos (SCUA)
Militante de Insurgencia- Paraguay
El sector obrero en Paraguay es uno de los más golpeados por las políticas de flexibilización y precarización laboral. Es una realidad avasallante que la mayoría de las plantas en las fábricas estén compuestas por trabajadores tercerizados, quienes ganan mucho menos haciendo las mismas tareas que los trabajadores contratados directamente por la empresa o denominados también «propios», sin beneficios y en total estado de indefensión.
Esta realidad que se constata a nivel mundial opera de manera más cruel y violenta en los países subdesarrollados o semicoloniales como el nuestro.
La situación de inequidad laboral
La situación de inequidad laboral empieza con la negación a los tercerizados del derecho básico a poder organizarse sindicalmente, como tampoco pueden afiliarse al sindicato de los trabajadores propios. Esta situación arbitraria continúa al estar desprovistos de todos los beneficios que contempla un contrato colectivo de trabajo; es decir, las mejoras a la propia legislación laboral conseguidas por el sindicato no pueden ser usufructuadas por un obrero tercerizado.
A la mayoría de los trabajadores tercerizados lo único que se les garantiza es el pago del salario mínimo (son excepcionales las empresas que pagan un mayor salario), la inscripción en la seguridad social y, si tienen suerte, se les paga horas extras.
Como si la situación descrita no fuera ya gravosa, se suma una de las más pesadas: la imposibilidad de adquirir estabilidad laboral, pues el grueso de las empresas tercerizadoras no permite que los trabajadores absorbidos por las mismas puedan estar más de ocho años operando con estas empresas. Al llegar a dicho plazo, lo desvinculan bajo la figura del despido injustificado.
Este sometimiento a condiciones arbitrarias hace parte del paisaje cotidiano donde cientos de obreros y obreras desarrollan su actividad laboral en condiciones desiguales y en la incertidumbre del tiempo en que estarán trabajando.
La necesidad de obtener un empleo y de mantener a sus familias hace que la mayoría aguante y tolere estas situaciones injustas y arbitrarias; recuerda así el sometimiento de los mensúes descritos crudamente por la pluma de Rafael Barrett, aquellos peones en situación de semiesclavitud que trabajaban en condiciones inhumanas aguantando la explotación en los yerbales, reducidos a bestias de carga bajo el régimen de las empresas La Industrial Paraguaya y la Companhia Matte Larangeira.
Las maquilas: empresas de moler mujeres
El gobierno empresarial de Peña presume la creación de empleos señalando la cantidad de mano de obra que absorben las maquilas, especialmente de autopartes y textiles, como así también alimentos, aluminio y plástico, donde casi el 60 % proviene de Brasil.
Lo que no dice el gobierno ni ningún medio de prensa es que estas empresas solo garantizan el pago de salario mínimo e IPS; el pago de horas extras y otros derechos son letra muerta. Los horarios son tan extenuantes que en la mayoría de las empresas se debe comer dentro de la misma planta sin que se garanticen alimentos de calidad, ni condiciones higiénicas.
Y por supuesto, no existe una sola posibilidad de que pueda permitirse la sindicalización; ante cualquier intento se despide a quienes encabezan y el Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS) no hace absolutamente nada para garantizar la inscripción del sindicato; al contrario, obstaculiza que se pueda ejercer ese derecho. No es casualidad que en Paraguay no exista un solo sindicato conocido en el rubro de maquilas.
Otro hecho destacado es que gran parte del empleo es ejercido por mujeres, pero no cualquier tipo de mujeres; los empresarios saben que la mayoría de las familias en Paraguay son disfuncionales (es decir, que uno solo de los progenitores se hace cargo del hijo/a que por lo general son las mujeres); es así que prefieren madres solteras que, al estar en condiciones de mayor vulnerabilidad y dependencia por la necesidad, aceptarán las condiciones de trabajo con tal de llevar el pan de cada día a sus hogares y poder mantener a sus hijos.
La extinción de los obreros propios de las fábricas
Los trabajadores propios estamos aparentemente en mejores condiciones, pero la realidad es que no se cumple con los contratos colectivos de trabajo, la patronal desconoce los llamados a negociación y el Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS) hace caso omiso a los planteos de las tripartitas.
La mayoría de los pocos sindicatos del sector privado que tienen sus contratos colectivos estos no son cumplidos. Las patronales se valen de los sindicatos amarillos que crean o mantienen artificialmente para dividir a los trabajadores y entorpecer así la negociación de los contratos colectivos. Los burócratas traidores y corruptos actúan como empresarios y, si no pueden valerse de una patota sindical, operan a la par de la patronal para legitimar las medidas que estas adoptan.
En este escenario la patronal, en la medida que los trabajadores propios son o despedidos o se jubilan, solo toma trabajadores tercerizados, al punto que la mayoría de las fábricas y empresas tienen en su plantel mayoría de trabajadores tercerizados; con ello contrarrestan la fuerza del sindicato al estar en minoría los trabajadores propios, pudiendo cubrir el funcionamiento de la empresa ante cualquier medida gremial.
De seguir así, en poco tiempo ningún derecho de los contratos colectivos estará garantizado y desaparecerán los pocos sindicatos que existen.
La necesidad de unirnos y articular la lucha
Ante esta realidad, los trabajadores de distintas fábricas y empresas debemos unirnos y articularnos para poder defendernos. Ningún sindicato, por fuerte que sea, podrá salvarse solo de la política de hacernos cargar la crisis de los patrones sobre nuestras espaldas; por ello, se debe romper con la visión corporativa propia de algunos sindicatos burocráticos que creen que se pueden valer por sí solos para solucionar de raíz los problemas que vivimos la clase obrera.
Debemos conocer la historia del movimiento obrero, cómo se lograron las conquistas que hoy están bajo amenaza de ser perdidas y las que ya estamos perdiendo ante el despojo de los capitalistas y sus gobiernos. La obtención de derechos no fue un favor o concesión graciosa del Estado burgués, significaron la muerte y tortura de cientos de obreros y obreras a lo largo de la historia, empezando por la de los Mártires de Chicago y las revoluciones obreras que colocaron a nuestra clase al frente de la construcción de un Estado obrero.
Tenemos que sacar las lecciones del pasado, de las y los grandes dirigentes que llevaron a la victoria, como aquellos burócratas que traicionaron y degeneraron procesos revolucionarios, ello es imprescindible para poder avanzar hacia un futuro mejor.
Es necesario volver a beber de las viejas tradiciones del sindicalismo clasista y combativo y luchar no solo por mejores condiciones laborales, sino por tomar en nuestras manos un programa político que plantee la emancipación de los explotados y oprimidos. Esta es la única salida para volver a pensar que es posible vencer aprendiendo de los errores del pasado para lograr una vez más un gobierno obrero, revolucionario y socialista con carácter internacional.
