Índia: la revuelta industrial

Por: Marcos Margarido (Introducción y traducción)

Introducción

Presentamos el resumen del artículo de Rashi Agrawal, “La revuelta de la manufactura” (Manufacturing Revolt), publicado en el blog Sidecar. Para tener una visión más amplia de la “Nueva India”, exponemos a continuación algunos datos sobre la economía india. Esperamos así contribuir a un mejor entendimiento de la situación de la India, la nueva “fábrica del mundo”.

La India, o Nueva India, como viene siendo llamada por la prensa burguesa, es el nuevo polo de atracción de las grandes multinacionales, que se aprovechan de los bajos salarios y de la fuerza de trabajo joven y abundante. En el último “World Economic Outlook” del FMI, del 8 de julio, los índices económicos de la India ya figuran de forma aislada, lo que era un privilegio exclusivo de China entre los llamados “países emergentes”. El crecimiento del PIB impresiona: con una previsión del 7% para (2025), 6,4% (2026) y 6,7% (2027), es el doble de las proyecciones de crecimiento mundial para cada año. En cambio, la previsión para China es del 5,0%, 4,6% y 4,1%, respectivamente, mientras que el crecimiento promedio de EE. UU., en los 3 años, es del 2,2% y, el de la Unión Europea, del 1,2%.

El país atrae multinacionales con programas de incentivo a las inversiones, como el “Make in India” y los de Incentivo Ligado a la Producción (PLI), además de realizar grandes obras de infraestructura. Foxconn, por ejemplo, expandió la producción de iPhones para reducir la dependencia de la industria china.

Entre los sectores industriales que lideran esa expansión están el de alta tecnología, el automotriz y las industrias farmacéutica y textil. La India es el segundo mayor productor mundial de celulares¹, el tercer mayor del sector automotriz², principalmente en la fabricación de vehículos eléctricos de dos ruedas, y es sede del Serum Institute of India, el mayor productor mundial de vacunas³. El sector textil disputa con China el liderazgo en la exportación de tejidos e hilos de algodón⁴ y absorbe la vasta fuerza de trabajo disponible en el interior del país.

Está claro que todos esos logros no son del pueblo indio, sino de las multinacionales que se instalan en el país. Para tener una idea, la Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó cerca de US$ 11,6 billones en un solo trimestre. Para facilitar la entrada de capital externo, el gobierno indio flexibilizó las regulaciones, permitiendo hasta el 100% de participación extranjera, sin aprobación previa, en sectores estratégicos como manufactura, telecomunicaciones y servicios financieros, mediante el “Régimen Automático”.

El PIB per cápita, en términos de paridad de poder adquisitivo (ppp), creció un 4,3% en promedio en los últimos 10 años, una tasa inferior a la de China, Bangladesh y Vietnam. A pesar del crecimiento del PIB nominal, la desigualdad aumenta. Por ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB per cápita (ppp) fue del 6,2% en los 10 años anteriores, durante el gobierno de Manmohan Singh. Pero el Informe Mundial sobre la Desigualdad sugiere que, actualmente, el 1% más rico de las familias indias posee cerca del 33% de la riqueza total. En 1991, ese porcentaje era del 16%. Y la mitad más pobre de la población posee cerca del 6%. En 1991, era del 9%⁵.

Además, el crecimiento del PIB no refleja la situación real de los sectores más empobrecidos y de los trabajadores. Se estima que la participación del sector informal en la economía es de cerca del 40%. Las tasas de salarios reales rurales, tanto agrícolas como no agrícolas, crecieron a un ritmo mucho más lento en los últimos 10 años que en los 10 años anteriores. La tasa de crecimiento de los salarios fue, de hecho, negativa en los últimos cinco años.

El estancamiento estructural histórico, a pesar de las grandes promesas de 20 millones de empleos por año, no fue resuelto por programas como el “Make in India”, el “Skill in India” y la promesa de duplicación de la renta agrícola para 2022. Casi 7 millones de trabajadores sin calificación son absorbidos por el sector informal de baja productividad, incluyendo la agricultura, y las cifras del desempleo juvenil son alarmantes.

Ese aumento de la desigualdad tiene como factor central, como era de esperarse, la centralización de capital en pocas empresas. Las 20 empresas más rentables generaron el 14% de la ganancia industrial en 1990. En 2022, esa cifra subió al 80%.

La revuelta de la manufactura
Rashi Agrawal
En abril, una ola de huelgas recorrió la Región de la Capital Nacional en torno a Delhi. Comenzaron en la ciudad de Manesar, en el estado de Haryana, se extendieron a Noida, una ciudad en Uttar Pradesh a unos 100 km de distancia, y pronto se propagaron a ciudades más lejanas: Bhiwadi, Faridabad, Neemrana, Rudrapur y otras. En un mes, reportes locales contabilizaron paralizaciones en más de 150 lugares en cinco estados. La Región de la Capital Nacional es una de las áreas más densamente industrializadas del mundo, una constelación de polos de manufactura planificados, que se expandió rápidamente tras la liberalización económica de la década de 1990. La región ahora se extiende desde Delhi, en su núcleo, hacia varios estados vecinos —Haryana, Uttar Pradesh y Rajasthan, todos gobernados por el BJP⁶— empleando a millones de trabajadores en la producción de automóviles, electrónicos, vestimenta y bienes de consumo.

El descontento se ha ido acumulando durante años. Los salarios son suprimidos por la competencia interestatal para atraer inversiones industriales, mientras que el salario mínimo está congelado desde 2016. La inflación ha erosionado severamente el poder adquisitivo. Sin embargo, la sindicalización es casi imposible, gracias al sistema de trabajo tercerizado y a la fragmentación de las cadenas de suministro. La resistencia a estas condiciones ha sido, hasta hace poco, principalmente individual e informal: reducción del ritmo de trabajo; ausencias por enfermedad; rechazo de horas extra. En casos extremos, los trabajadores toman un autobús de regreso a sus aldeas y no vuelven; la tasa de rotación en las fábricas de la Región Metropolitana de Manila es tan alta que la gerencia la considera un costo inherente a la actividad.

Tomemos como ejemplo Manesar, donde comenzaron las huelgas. El polo industrial de Gurgaon-Manesar, al suroeste de Nueva Delhi, creció en torno a la automotriz Maruti Suzuki, fundada a inicios de la década de 1980 como una joint venture (o empresa conjunta)  entre el gobierno indio y la empresa japonesa Suzuki. El programa gubernamental de manufactura gradual transformó esa área en uno de los principales polos de producción automotriz de la India. Solo el Parque Industrial Modelo de Manesar abarca 2.200 unidades fabriles, empleando cerca de 300.000 trabajadores en 2023. El trabajador tercerizado promedio en una fábrica de autopartes trabaja en turnos de 12 horas y gana ₹600 (aproximadamente US$ 6) por día; sin contrato escrito ni mecanismo formal de reclamos, su empleo está sujeto a renovaciones cada 30 días, que el empleador puede optar por no renovar. El pago de horas extra rara vez se calcula correctamente; los descuentos por “quiebra” son comunes y arbitrarios. Una encuesta realizada por la Red de Solidaridad con los Trabajadores Migrantes reveló que más del 60% de los trabajadores en la región de Manesar nunca recibieron un recibo de sueldo.

En Noida, un polo industrial al sureste de Nueva Delhi, especializado en vestimenta y electrónicos, la producción está dispersa en miles de fábricas, compuestas por empresas matrices y subcontratistas. Los trabajadores enfrentan el robo diario de su salario mediante descuentos ilegales y despidos arbitrarios. El estatus de aprendiz, legalmente limitado a dos años, ha sido usado sistemáticamente para negar los beneficios correspondientes a los empleados de planta y salarios acordes a sus habilidades. Los trabajadores soportan condiciones ilegales de sobreexplotación porque la mayoría no puede darse el lujo de arriesgarse a ser despedido/a. Un trabajador tercerizado, sin ahorros ni previsión social y con una familia que depende de remesas mensuales a su aldea, no puede permitirse la pérdida de su ingreso. Y en toda la Región Metropolitana de Delhi (NCR), el despido ha sido la respuesta estándar a cualquier resistencia. Los que resisten son incluidos en una lista negra, en un distrito donde todas las fábricas comparten contratistas y supervisores, lo que significa no poder encontrar otro empleo.

Además de las dificultades impuestas por los propietarios, el nuevo Código Laboral, implementado en noviembre de 2025, consolidó la trayectoria de liberalización del mercado laboral. Facilitó los despidos masivos al reducir la burocracia, condicionó el reconocimiento sindical a la obtención del 51% de afiliación —un umbral prácticamente inalcanzable— e introdujo requisitos procesales que dificultan considerablemente la organización de huelgas legales.

En los primeros tres meses de este año, sin embargo, hubo señales de que la resistencia masiva estaba creciendo; se documentaron al menos 28 grandes acciones industriales. Esto incluyó una paralización en la refinería de Indian Oil en Panipat, Haryana: 30.000 trabajadores interrumpieron la producción durante seis días, y las fuerzas de seguridad abrieron fuego para dispersar a la multitud. También hubo acciones en ArcelorMittal Nippon Steel, en Surat, en Adani Power, en Singrauli, y en las fábricas de cemento de UltraTech en cuatro estados. Estas acciones no estuvieron coordinadas, sino que fueron reacciones paralelas a las mismas presiones estructurales.

¿Por qué estos viejos reclamos se transformaron repentinamente en huelgas? El nuevo Código Laboral formaba parte del contexto político, principalmente debido a la decepción que representaba: muchos trabajadores esperaban mejoras salariales o de estabilidad laboral; el Código fue ampliamente difundido, con carteles del gobierno por todos lados presentándose como una gran reforma. Dos factores adicionales confluyeron en abril, alterando decisivamente los cálculos de los trabajadores. El primero fue el costo de vida. La India importa la mayor parte de su petróleo crudo, y el inicio del conflicto en Medio Oriente disparó los precios de los combustibles y del gas de cocina, consumiendo lo poco que quedaba de los salarios de los trabajadores tras el pago del alquiler. Para los trabajadores que recibían cerca de ₹10.000 al mes —aproximadamente US$ 3,80 por día tras los descuentos—, el precio de una bombona de gas de cocina se convirtió en una cuestión de supervivencia. El segundo factor fue el detonante inmediato: el 9 de abril, el gobierno del estado de Haryana, presionado por semanas continuas de agitación industrial en Manesar, anunció un aumento del 35% en el salario mínimo para trabajadores no calificados, de US$ 119 a US$ 161 mensuales. Para los trabajadores de Noida, que recibían menos por el mismo trabajo en las mismas empresas multinacionales, el anuncio generó indignación y la esperanza de que pudieran forzar al gobierno de Uttar Pradesh a ceder.

La cadena de suministro se convirtió en el circuito por donde se propagaron las noticias de las huelgas. Cuando los trabajadores de la fábrica de ropa Richa Global en Manesar entraron en huelga y fueron atacados por la policía, los de Richa Global en Noida respondieron con una paralización. Los trabajadores de Motherson, una de las mayores fabricantes de autopartes de la India, vieron cómo las huelgas se propagaban de Noida a Faridabad, Lucknow, Haldwani y Bhiwadi, avanzando a lo largo de la línea de producción. El 14 de abril, más de 42.000 trabajadores estaban en las calles en 83 localidades. La movilización se propagó horizontalmente, a través de conversaciones en las puertas de las fábricas, de redes de migración y de la solidaridad regional y de casta que unía a los trabajadores con sus aldeas de origen. Las redes sociales también fueron fundamentales. Trabajadores migrantes de Bihar y del este de Uttar Pradesh construyeron una red de solidaridad en Instagram, donde podían ver videos de trabajadores de Indian Oil en Panipat arrojando piedras contra las fuerzas paramilitares. La difusión de esas imágenes ayudó a hacer visible a la clase trabajadora ante sí misma, independientemente de la geografía y el sector.

La respuesta del Estado instaló un precedente brutal. En 2011-2012, los trabajadores de la fábrica de Maruti Suzuki en Manesar hicieron una campaña por el derecho a formar un sindicato independiente. Tras un enfrentamiento violento en julio de 2012, 546 trabajadores de planta y 1.800 tercerizados fueron despedidos sin investigación alguna. Más de 147 fueron detenidos. Trece líderes de la huelga recibieron sentencias de cadena perpetua con base -en lo que un informe publicado por la Unión Popular por los Derechos Democráticos consideró- pruebas fabricadas. La represión y la criminalización de las huelgas contribuyeron a debilitar la infraestructura organizativa de la región en aquel momento.

Este año, el Estado y la policía también intentaron criminalizar a los huelguistas. Alegaron que las movilizaciones fueron instigadas por agitadores externos y las calificaron de conspiraciones de WhatsApp. Cuando esas acusaciones no se sostuvieron, alegaron vínculos con Pakistán o con el naxalismo⁷ —cualquier cosa que desviara la atención de la cuestión principal: las condiciones de trabajo y los salarios—. En Manesar, hubo detenciones masivas de cientos de trabajadores, además de la persecución a organizadores y activistas. Miembros de la organización obrera Inquilabi Mazdoor Kendra fueron detenidos, junto con operarios de la fábrica de autopartes Bellsonica. Todos fueron tachados de conspiradores y encarcelados. En Noida, miles de trabajadores fueron detenidos. También fueron perseguidos simpatizantes de las huelgas, incluyendo un ingeniero de software que publicó un video alentando a los trabajadores a protestar pacíficamente y un periodista veterano que no pisaba la ciudad hacía 12 años. Luego vino la invocación de la Ley de Seguridad Nacional, que permite la detención “preventiva” sin cargos ni juicio. Cientos de trabajadores permanecen presos bajo la acusación de intento de homicidio. Se documentaron casos de tortura en prisión.

En junio, la producción se reanudó en toda la región, aunque muchos de los que huyeron tras las detenciones no pudieron regresar al trabajo. El movimiento, sin embargo, logró una importante concesión inmediata: pocos días después de la movilización, tanto Haryana como Uttar Pradesh revisaron el salario mínimo. Sin embargo, los avances resultaron desiguales. Muchos empleadores aún no han implementado los nuevos montos, la represalia silenciosa mediante la no renovación de contratos continúa, y cientos de trabajadores siguen presos mientras los procesos penales contra organizadores y activistas continúan en curso.

Aunque las huelgas quizás no hayan transformado el régimen laboral que las generó, sacaron a la luz una contradicción fundamental del modelo económico indio. En la última década, el gobierno de Modi hizo de la industria manufacturera un pilar central de su estrategia de crecimiento, con las fábricas, las redes logísticas y las vastas cadenas de suministro del corredor industrial de Delhi-NCR⁸ como una joya de la corona, promovidas como prueba del ascenso de la India como potencia industrial global. Ese avance industrial depende de un régimen laboral “flexible”, marcado por profunda inseguridad, salarios estancados y una frustración creciente entre los trabajadores, que las leyes laborales no pueden reprimir indefinidamente, como estas huelgas demostraron vívidamente. Si representan un punto de inflexión dependerá de la infraestructura organizativa construida a su paso.

Notas:

https://www.manufacturingtodayindia.com
https://en.wikipedia.org/wiki/Automotive_industry_in_India
https://www.seruminstitute.com/
https://seer.unisc.br/index.php/cepe/article/view/739/769
Datos obtenidos del video de la conferencia “Reflexiones sobre la política económica de la Nueva India”, del economista Pranab Bardhan, y de su artículo “The New India”, publicado en la New Left Review. Los datos siguientes fueron obtenidos de las mismas fuentes.
El Bharatiya Janata Party (BJP) (Partido del Pueblo Indio) es el principal partido político de la India, en el gobierno desde 2014, cuyo primer ministro es Narendra Modi. El BJP se caracteriza por el nacionalismo hindú (Hindutva).
El naxalismo es un movimiento guerrillero de inspiración maoísta que actúa en la India.
NCR (sigla en inglés) significa Región de la Capital Nacional. Es una región de planificación urbana que engloba toda la capital de la India, Nueva Delhi, y varias áreas metropolitanas de los estados vecinos.

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