“Cucarachas” indias exigen la renuncia del Primer Ministro

Por Marcos Margarido

25/07/2026

Este lunes, 20/07, más de 50 mil manifestantes, la mayoría jóvenes entre finales de la adolescencia y principios de los 20 años, marcharon hacia el Parlamento indio, en Nueva Delhi, para protestar, una vez más, contra la anulación del examen de admisión a medicina, conocido por la sigla NEET, debido a la filtración de las pruebas, según el gobierno. Esta vez, exigieron la renuncia del ministro de Educación de la India, Dharmendra Pradhan, y del primer ministro Narendra Modi, en el poder desde 2014.

Sin embargo, el gobierno había declarado ilegal la manifestación. La policía de Delhi impidió la marcha hacia el parlamento y acorraló a la multitud en un área restringida, en el centro de la capital india. Se cortó el internet y se levantaron barricadas en toda la capital. Luego llegaron las porras y el gas lacrimógeno. A pesar de la represión, mucha gente siguió marchando en pequeños grupos hacia el Parlamento.

El examen de admisión se realizó en mayo, con más de 2 millones de estudiantes compitiendo por 130 mil vacantes. Muchas familias gastan sus ahorros y se endeudan enormemente para pagar clases de academias preparatorias para el examen. Actualmente, en la India, se gasta más en clases particulares que en todo el presupuesto público destinado a la educación superior. Este no es el único examen de admisión con datos filtrados, pero es el más importante. En general, los resultados de las pruebas se ofrecen en una especie de subasta, lo que garantiza el ingreso de los hijos de familias burguesas y acomodadas.

La situación social en la India

La India vive un período de rápido crecimiento económico que solo beneficia a los capitalistas y banqueros del país. La clase obrera recibe salarios ínfimos (similares a los de los trabajadores al inicio del boom industrial en China) y el desempleo es alto, principalmente entre los jóvenes. Según datos del gobierno, el desempleo entre personas de 15 a 29 años se situó en 9,9% en 2025. Si se consideran las áreas urbanas, el porcentaje sube al 13,6%. Incluso con título universitario, un número significativo trabaja en la informalidad. Según un estudio reciente, casi el 40% de los graduados indios menores de 25 años están desempleados.

Hace unos meses, una huelga obrera de cerca de 250 mil trabajadores, ocurrida en varios estados, sacudió al país (ver el artículo “India: la revuelta industrial”). La huelga logró una concesión pequeña, pero fundamental: el aumento del salario mínimo en los estados de Haryana y Uttar Pradesh, dos de los principales centros industriales. Pero no consiguió modificar el régimen laboral “flexible”, marcado por la inseguridad laboral, salarios estancados, facilidad de despidos, contratos mensuales no renovables y diversas prácticas ilegales que no son combatidas por el gobierno central. Fue un pequeño retroceso de la “dictadura electoral” del gobierno de Modi, pero dejó una llama encendida para preparar nuevos “incendios”.

La juventud retoma la lucha

Eso fue lo que hizo la juventud. La primera protesta ocurrió en Delhi, a comienzos de junio, exigiendo la renuncia de Pradhan. Ese mismo mes, se realizó una segunda gran protesta en el histórico Jantar Mantar, en Delhi, y esta vez, prometieron no abandonar el lugar hasta que Pradhan fuera destituido. Los manifestantes fueron acompañados por Sonam Wangchuk, un eminente científico y activista de la educación del estado indio de Ladakh, quien, el año anterior, había sido detenido por el gobierno bajo leyes antiterroristas.

Wangchuk inició una huelga de hambre y anunció que la mantendría hasta que el ministro de Educación renunciara. El domingo 19/07, tras 3 semanas sin comer, Wangchuk fue trasladado a un hospital público en contra de su voluntad. La policía alegó que la medida buscaba proteger su salud; su esposa condenó el acto como una “detención ilegal”. Desde la cama del hospital, Wangchuk convocó a los simpatizantes del CJP a marchar hacia el parlamento el lunes y exigir la renuncia de Pradhan.

El Partido Popular de las Baratas

Estas acciones fueron organizadas por un “partido”, aunque su origen y objetivo son inusuales. En mayo, durante una audiencia sobre diplomas falsos, el presidente de la Corte Suprema del país, Surya Kant, llamó a los jóvenes indios desempleados “baratas” y “parásitos”. Abhijeet Dipke, un joven indio recién graduado en Estados Unidos, indignado por esos comentarios, lanzó, en tono burlón, un llamado en las redes sociales para que “todas las baratas se unieran”.

La respuesta fue arrolladora. Dipke creó un sitio web y perfiles en redes sociales para un partido satírico, el Partido Popular de las Baratas (CJP), una crítica al partido gobernante, el Partido Popular Indio (BJP) de Modi. Publicó un manifiesto que atacaba al gobierno y creó el eslogan: “Un partido político para las personas que el sistema olvidó contar”. En dos semanas, el perfil del CJP en Instagram ya contaba con más de 22 millones de seguidores, superando al del BJP. El gobierno de Modi intentó bloquear sus cuentas en redes sociales alegando seguridad nacional, pero sin éxito.

Las movilizaciones continúan y logran una victoria

El martes, los estudiantes volvieron a reunirse en lo que se ha convertido en el punto central de las protestas, el Jantar Mantar. Ni siquiera la fuerte presencia policial de Delhi logró amedrentar a la multitud. Las consignas exigían la renuncia tanto del ministro de Educación como del primer ministro.

La situación llegó a tal punto que el ministro de Educación dio una declaración por televisión, afirmando estar abierto al diálogo (lágrimas de cocodrilo, claro) con los estudiantes, y el gobierno recibió en audiencia a dos representantes del CJP, un “partido” ilegal. Sin embargo, Ratna Singh, una de las representantes, dijo que el gobierno no les respondió y que el “primer ministro permaneció en silencio sobre lo ocurrido”.

Pero el sábado 25 de julio, el ministro de Educación publicó una carta de renuncia: “Considerando la situación surgida en Jantar Mantar y en todo el país, para que las fuerzas antinacionales no se aprovechen de esta situación… he enviado mi carta de renuncia al primer ministro”. Pradhan es uno de los ministros más leales a Modi, y probablemente este prefirió entregar los anillos para no perder los dedos.

Las movilizaciones podrían desinflarse tras esta primera victoria, pero, en ocasiones como esta —como en 2013 en Brasil, o en la “revolución de los pingüinos” en Chile el 2006—, las demandas inmediatas suelen ser reemplazadas por reivindicaciones más avanzadas, como la exigencia de la renuncia de Modi, un dictador disfrazado de demócrata. El sentimiento predominante tras las protestas es que la cuestión ahora es más amplia. Este puede ser el momento en que los más de 600 millones de jóvenes del país encuentren su voz política.

Pero esta voz solo podrá ser permanente y estratégica si el partido de las “Baratas” indias, que cumple un papel muy progresista en esta etapa, se transforma en (o es reemplazado por) un partido revolucionario en una etapa posterior, cuando será necesario luchar no solo por mejoras dentro del capitalismo decadente en que vivimos, sino también por el comunismo.

Fuentes:

●     Brasil de Fato. Calificados pero desempleados, jóvenes protestan en la India con una mezcla de sátira y revuelta.

●     The Guardian. Tens of thousands of Cockroach movement protesters defy police with Delhi march.

●     The Guardian: Who are India’s Cockroach Janta party and why are they staging protests?

 

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