Por Sandra González de Insurgencia Paraguay
Una noche del 28 de junio de 1969, otra redada policial, otras botas listas para aplastar cuerpos y vidas “fuera de la norma”. Pero esta vez la represión se estrelló contra un límite. Personas HOMOSEXUALES, TRANS, RACIALIZADAS, EMPOBRECIDAS Y MARGINADAS dijeron ¡BASTA!. Se negaron a subir a los patrulleros, resistieron, y de esa resistencia nació la REVUELTA.
Lo que pasó en Stonewall fue rabia, fue supervivencia, fue el grito desesperado de quienes no soportaban más la violencia y la represión. Ese grito encendió el movimiento y nos dejó una memoria que arde.
Cada 28 de junio no celebramos concesiones: recordamos que el orgullo nació en resistencia, en decir basta, en transformar lágrimas en lucha.
El orgullo es luchar por la igualdad de género y la no discriminación sexual y por un educación efectivamente inclusiva.
Hoy seguimos abrazando esa memoria sabiendo que la organización de la clase trabajadora es la única fuerza capaz de honrar esa memoria y mantener el fuego que nos une a todos por igual en la lucha por un mundo mejor.
La revolución socialista será el primer paso para acabar con toda forma de opresión y eliminará todos los resabios de ignorancia que son la base del odio y la discriminación entre seres humanos. Para Insurgencia es un orgullo levantar estas banderas combativas.
Nuestra lucha, como decía Rosa Luxemburgo es por “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
