Crónicas de la Revolución Ucraniana

M. Tarakanov

Hoy es el día de memoria de la deportación del pueblo tártaro de Crimea. En este día, en 1944, por orden de Stalin, todo un pueblo fue deportado.

En apenas pocos días, cerca de doscientos mil civiles fueron obligados a subir a vagones de carga y enviados a Asia Central, a la estepa desnuda, sin condiciones normales de vida. Los trenes tardaban semanas en llegar. Faltaban agua, comida y medicamentos. La gente moría directamente en el camino. Según distintas estimaciones, alrededor del 10% de los tártaros de Crimea murieron solo durante la deportación. Miles más murieron ya en los lugares de exilio, por hambre, enfermedades y condiciones inhumanas.

La práctica de deportar pueblos no rusos fue ampliamente utilizada por el régimen estalinista, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Particularmente trágico fue el destino de los chechenos, ingushes, calmucos, circasianos y tártaros de Crimea. Así se despejaba el espacio para la rusificación del Cáucaso y Crimea: mediante expulsiones, represión y destrucción de los pueblos originarios.

Pero el destino de los tártaros de Crimea fue aún más trágico. Fueron el único pueblo deportado de la URSS al que, incluso después de la muerte de Stalin y durante el período de limitada democratización, se le negó durante mucho tiempo el derecho a regresar a su patria. Crimea tenía una importancia estratégica para la burocracia soviética como base principal de la Flota del Mar Negro y como plataforma militar clave, desde la cual la nomenklatura soviética buscaba no solo mantener el control de la región, sino también negociar en el futuro condiciones favorables con el imperialismo mundial para la restauración capitalista.

Fue precisamente después de la deportación de los tártaros de Crimea cuando surgió el mito de que “Crimea siempre fue rusa”. En realidad, la población rusa fue trasladada masivamente a la península solo después de la expulsión de los habitantes originarios.

Los tártaros de Crimea eran los legítimos dueños de la península. Son un pueblo formado por múltiples culturas y pueblos de Crimea: desde escitas y antiguos griegos hasta genoveses y tribus túrquicas. Hasta finales del siglo XVIII existió el Kanato de Crimea, un Estado con cultura, arquitectura y tradición política desarrolladas. Sus gobernantes, descendientes directos de Gengis Kan, estaban entre los más respectables de Europa Oriental, y el Estado moscovita pagó tributo a Crimea durante mucho tiempo.

La cultura tártara de Crimea es una de las joyas del Mar Negro. Su arquitectura, música, ornamentos y literatura siguen impresionando por su riqueza.

El movimiento tártaro de Crimea fue parte importante de la resistencia democrática dentro de la URSS después de 1944 y hasta 1991, y estuvo estrechamente ligado al movimiento nacional-democrático ucraniano.

Solo después de la caída de la dictadura del PCUS y de la proclamación de la independencia de Ucrania los tártaros de Crimea pudieron regresar masivamente a su patria, incluso sin recuperar sus propiedades y tierras. Así, los tártaros de Crimea se convirtieron en el único pueblo originario de Ucrania, además de los propios ucranianos, cuya patria histórica se encuentra completamente dentro del territorio ucraniano.

Recordando los horrores de la deportación, la mayoría de los tártaros de Crimea no aceptó la ocupación rusa de Crimea en 2014. Participaron en manifestaciones masivas, en la resistencia y sufrieron nuevas represiones. De manera inesperada incluso para muchos ucranianos, fueron precisamente los tártaros de Crimea quienes, en la región más rusificada de Ucrania y preparada de antemano para una rápida ocupación, fueron los defensores de la revolución nacional-liberadora ucraniana y su destacamento más avanzado. Hoy son uno de los pueblos más perseguidos dentro de Rusia: cientos de activistas están en prisión y miles se vieron obligados nuevamente a abandonar sus hogares y buscar refugio en la parte libre de Ucrania.

Muchos tártaros de Crimea hoy luchan heroicamente en las filas de las Fuerzas Armadas de Ucrania, obteniendo por primera vez en muchas generaciones la posibilidad de combatir organizadamente y con armas en las manos por su patria.

¿A qué nos recuerda esto?

Ante todo, a la tragedia y la lucha del pueblo palestino. El imperialismo y las ambiciones imperiales siempre intentan destruir a los pueblos más pequeños.

Por eso, una parte fundamental del programa de cualquier partido obrero que aspire a tomar el poder debe ser la libertad y la independencia de todas las naciones oprimidas. Junto al pueblo palestino y al pueblo kurdo, el programa de la resistencia internacional debe incluir también la consigna del retorno de Crimea a Ucrania, como una exigencia legítima y justa de la revolución ucraniana y de los propios tártaros de Crimea.

Qırım — Vatan! (¡Crimea es nuestra patria!)

Крим — це Україна! (¡Crimea es de Ucrania!) 🇺🇦

¡Por una Palestina unica, laica, democrática y no racista desde el río hasta el mar! 🇵🇸

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