M. Tarakanov
Mariúpol, donde fueron capturados los prisioneros liberados, entre ellos Zhuravlev, sufrió probablemente el golpe más terrible de los primeros meses de la guerra a gran escala.
La ciudad de medio millón de habitantes estuvo sitiada y sometida a bombardeos masivos. Incluso el teatro dramático fue destruido por una potente bomba lanzada deliberadamente, porque allí se refugiaban decenas de niños y sus madres. Las calles de la ciudad estaban cubiertas de cadáveres de civiles, y las tumbas se cavaban directamente en patios y parques infantiles.
Hoy esta ciudad permanece bajo ocupación, y todavía desconocemos la verdadera magnitud de la tragedia y de los crímenes cometidos.
Pero otro de esos crímenes fue también la destrucción del mosaico “Borivíter”, obra de la famosa activista cultural y política de los años 60 Alla Horska.
Borivíter es un ave capaz de mantenerse en el aire utilizando la fuerza del viento contrario, y por eso se convirtió en símbolo de resistencia y firmeza del espíritu ucraniano.
La propia Alla Horska y miles de intelectuales ucranianos fueron esos borivíteres, preservando bajo la dictadura estalinista la identidad ucraniana, la dignidad y un impresionante legado cultural. Por eso Horska fue brutalmente asesinada en 1970.
Ella dejó tras de sí varios mosaicos monumentales: brillantes llamados a la resistencia y a la alegría de vivir una vida llena de lucha. Son verdaderas joyas de la vanguardia mundial, ocultadas durante décadas por la política chovinista gran rusa.
En los últimos años de la Ucrania independiente, su legado finalmente se convirtió en patrimonio del pueblo ucraniano. Hasta que en 2022 el Borivíter fue dañado y capturado por los ocupantes rusos.
El año pasado el mosaico fue restaurado, y hoy se exhibe en distintas ciudades y países. Así, el patrimonio cultural creado por varias generaciones de intelectuales y artistas ucranianos, apoyados en la cultura y la historia popular, sirve hoy a la lucha, inspirando la multitudinária resistencia ucraniana y la revolución anticolonial.
Y hoy cientos de nuevos borivíteres —hechos de acero, plástico y explosivos, guiados por internet— atacan la capital de la contrarrevolución: la Moscú putinista.
La burbuja podrida de la mentira rusa sobre la “gran potencia” y el “segundo ejército del mundo” está estallando ahora mismo, llenando de su hedor a la Rusia chovinista.
Y dentro de la propia Ucrania, miles de obreros y activistas de todas las edades continúan creando nuevos y nuevos borivíteres, dispuestos a vengar trescientos años de colonización rusa, los crímenes zaristas y estalinistas, y los asesinatos de Putin.
Para cada obrero, activista y revolucionario será un enorme honor participar en esta creación colectiva que construye un nuevo mundo justo, sin imperios ni guerras.
¡Gloria a Ucrania!
