por Nacho GOI- Argentina
“El presidente Trump perdió esta guerra”.
New York Times, 16 de Junio de 2026.
Finalmente, y luego de una larga “tregua”, Trump ha firmado un Memorándum de Entendimiento con Irán para poner fin a la guerra. Esto se da luego de más de 90 días de guerra intensa sobre territorio iraní y una larga tregua saboteada repetidas veces por Israel invadiendo y atacando el Líbano e incluso por Estados Unidos realizando ataques sobre objetivos iraníes. Los 14 puntos difundidos como parte del acuerdo hablan por sí solos: ninguno de los objetivos ubicados por Trump y el propio Netanyahu están incluidos. No hubo cambio de régimen, no se sustrae el uranio iraní, no se desmantela el armamento misilístico e incluso por la vía de los hechos se reconoce el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz. Por el contrario, aparece el fin de los ataques al Líbano, devolución de recursos a Irán y hasta pagos como resarcimiento por los daños sufridos. Una derrota de punta a punta ya no sólo para Trump sino para el imperialismo norteamericano.
Trump de rodillas
La guerra contra Irán fue definida por innumerables especialistas militares y políticos como una aventura irresponsable de Trump. En definitiva, una guerra inganable. Por nuestra parte en nuestros últimos artículos indicábamos que al contrario de lo que sostiene la inmensa mayoría de la izquierda mundial, para nosotros el imperialismo puede (y debe) ser derrotado. La realidad mostró que así fue. Hay que recordar que la ofensiva norteamericana, al calor de la agresión y el genocidio sionista sobre Gaza, fue iniciada por Trump con la expectativa de controlar los recursos iraníes e incluso de ser necesario lograr un cambio de régimen pro yanqui. Para eso el imperialismo se sirvió del rol del “hijo del Sha” persa (el Rey depuesto por la revolución islámica en 1979) que recorrió canales de televisión y actos políticos en occidente prometiendo los recursos y la soberanía de Irán al servicio de Estados Unidos. Un caso similar al de Corina Machado o Juan Guaidó en Venezuela. Todos proyectos fracasados. También se blanquearon distintos operativos del Mossad (servicio de inteligencia israelí) para infiltrar armamento para grupos opositores, asesinatos selectivos e incluso intentos de impulsar incursiones Kurdas en territorio iraní.
Como decíamos en marzo, Trump y el lobby sionista empezaron esta guerra por motivos de control de recursos (principalmente el petróleo iraní) y como una forma de responder al “frente interno”. Hay que recordar que la situación interna en Estados Unidos está marcada por una profunda crisis político-económica, de aumento del costo de vida, de ataques a los inmigrantes y de crisis laboral, que éste mismo año atraviesa las elecciones de medio término. Por su parte Israel pasa por su peor momento al sufrir el rechazo mundial por el genocidio contra los palestinos y Netanyahu está bajo amenaza de juicio político y con pedido de captura de la Corte Penal Internacional.

Las masas hablaron
Trump entró en la guerra de lleno. Involucró al menos tres Fuerzas de Tareas, cada una con su portaaviones, fragatas y destructores, a la fuerza aérea y a sus fuerzas especiales. Un despliegue que no se llevaba adelante hace décadas. Envalentonado con la operación “Resolución Absoluta” (Total Resolve) con la que logró la captura de Maduro y la capitulación de Venezuela, Trump tituló esta nueva aventura como “Furia Épica” (Epic Fury). Rápidamente esta operación “épica” se convirtió en una pesadilla norteamericana. Es que la propia historia ya se encargó de enseñar y con lujo de detalles el resultado de la guerra cuando el imperialismo enfrenta un enemigo que pelea hasta el final y a las masas que son capaces de torcerle la mano en su propia casa. Vietnam es una lección marcada a fuego que Trump y el lobby que opera detrás creyeron que no volvería a suceder.
Una vez metido en una agresión total contra Irán, involucrando a sus aliados regionales, la realidad mostró que había una sola forma de derrotar a una nación que llevaba décadas acumulando misiles y atrincherándose en las montañas preparándose para resistir: la invasión terrestre. Para ese momento decenas de drones y varios aviones de combate norteamericanos habían sido derribados, más de 14 bases yanquis en la región habían sido destruidas o dañadas profundamente, Israel sufría bombardeos de misiles y drones diariamente y las municiones para defenderse de los ataques iraníes se agotaban. Irán resistía mucho más allá de lo previsto y ahora contraatacaba contra Estados Unidos e Israel. A Trump le quedaban solo dos opciones, entrar por tierra o retirarse. Durante más de quince días surgieron versiones de todo tipo en los medios internacionales. Que Trump tomaría Kharg Island, donde se concentra la producción petrolera de Irán. Que el Mossad junto a los Kurdos entrarían por el norte o que una operación especial retiraría el uranio por la noche sin que nadie se diera cuenta. Todo fue parte de un show mediático para ganar tiempo. La realidad es que Estados Unidos no tenía ninguna condición de atacar por tierra. Pero ¿porque? El problema del mayor ejército del mundo no pasaba por la falta de armamento o de tropas. Las masas populares norteamericanas habían pisado el freno.
“No Kings Day” (el día “sin reyes”) concentró el 28 de marzo una serie de protestas y manifestaciones que venían acumulándoles contra la administración Trump. Protestas contra el aumento del costo de vida, los recortes en salud, los ataques a inmigrantes mediante la fuerza paramilitar ICE se relacionaron directamente con el despilfarro económico de la guerra de Irán. Sólo en municiones EEUU ha gastado 30.000 millones de dólares y en conjunto la pérdida ronda los 200.000 millones. Para la economía global el costo es mucho mayor ya que ha disparado la inflación en dólares por el aumento del barril de crudo (llegó a 126 dólares cuándo el promedio oscila alrededor de 80). Más de 8 millones de personas en 3300 eventos coordinados salieron a las calles en 50 estados y con consignas centrales contra el gobierno de Trump. Además, tuvieron eco en las principales ciudades europeas. La imagen de Trump se desmoronó hasta alcanzar el 59% de rechazo. Fue, según los propios medios, la marcha más grande de la historia de los Estados Unidos. El partido Demócrata intentó canalizar el descontento en su favor e incluso organizó varios de los eventos del No Kings Day, pero el centro estuvo en el rechazo a Trump más que en el apoyo a las candidaturas demócratas. Las masas habían hablado. El pueblo estadounidense rechazaba la guerra y no estaba dispuesto a ser enviado a morir a Irán como ya sucedió en Vietnam, Afganistán o Irak.

¿El acuerdo garantiza la paz?
El memorándum de 14 puntos firmado por Trump y el régimen iraní incluye entre otras cosas un plazo de 60 días para evaluar su aplicación y es, como queda claro, una derrota para Estados Unidos y también para Israel. De hecho, éste punto ha sido el más conflictivo desde que se firmó el acuerdo. El propio Trump criticó a Netanyahu por los bombardeos en el Líbano diciendo que “se le había ido la mano”, algo que sólo le preocupa ahora que puede dañar aún más su reputación y no le pareció problemático cuando el sionismo arrasó Gaza. Por su parte tanto el Ministro de Seguridad Nacional Israelí Ben Gvir como el Ministro de Finanzas Bezalel Smotrich, sionistas de ultra derecha protagonistas de torturas filmadas contra detenidos, han salido a criticar a Trump y el acuerdo reivindicando la invasión del Líbano. Fue JD Vance, el vice presidente norteamericano quién salió a “ubicarlos” recordándoles que Estados Unidos es el único aliado que le queda a Israel en el mundo, que no tiren de la cuerda. Más allá de las idas y venidas “diplomáticas” lo que desnudan estos cruces es la fragilidad del acuerdo y aumentan las dudas sobre su duración. De hecho, una de las cláusulas ya fue rota por Trump al amenazar con nuevos ataques si Irán no cumple y el propio Israel bombardeó nuevamente el sur del Líbano provocando luego de la firma del acuerdo. No se puede descartar que se retomen las hostilidades ante la presión o necesidad de alguna de las partes o ante un cambio del panorama político. La realidad es que mientras exista un enclave militar imperialista que además ostenta una agenda sionista en medio oriente la guerra no acabará. Además, porque sirve de justificación a regímenes criminales y totalitarios que masacran y reprimen a su propio pueblo como fue en Siria o es en el propio Irán.
Como “perlita” del acuerdo y buscando involucrarlos, Trump agradeció especialmente a Putin (que está sufriendo ataques durísimos por parte de la resistencia ucraniana) y a Xi Xinping por haberse mantenido neutrales durante la guerra. En realidad, lo que agradece es que en el punto de máxima fragilidad para Estados Unidos ni Rusia ni China sacaron los pies del plato ni abrieron un nuevo frente aprovechando la situación. Algo que desnuda que lejos de haber, al menos abiertamente, un “enfrentamiento entre bloques” o “polos” los distintos poderes mundiales trabajan para contener a las masas y mantener el control de sus zonas de influencia.

El dilema iraní
Las masas iraníes que se levantaron contra el régimen totalitario de los Ayatolas en enero y que resistieron una brutal represión fueron también quienes entendieron ante la agresión imperialista que la derrota de Estados Unidos era necesaria para continuar la lucha contra el régimen. Resistieron heroicamente los bombardeos y ataques norteamericanos. Pusieron el cuerpo en los enfrentamientos y sufrieron la pérdida de miles de seres queridos. Ahora nuevamente enfrentan un gran desafío. El régimen intentará usar el triunfo en esta guerra y el resarcimiento económico para fortalecerse y reprimir todo intento de oposición. Del otro lado las masas que defendieron su patria contra el invasor deben ahora girar sus fusiles contra el régimen que se apodera de sus recursos y reprime sus libertades. Las masas iraníes enfrentan ahora un dilema existencial. Sólo será posible conquistar mejores condiciones de vida derrocando al régimen y construyendo un gobierno obrero y popular.
Por su parte, la paz en medio oriente solo puede venir de la expulsión imperialista de la región y la caída de los regímenes totalitarios a manos de sus propios pueblos como parte de una lucha global por una sociedad que a diferencia del Capitalismo no dependa de la explotación y la opresión para existir.
Un mundo socialista es posible
Como lo ha mostrado la historia y lo vuelve a enseñar la guerra de Irán, la derrota imperialista siempre trae consecuencias. Un Estados Unidos y un Israel (y su política bélica) derrotados o debilitados son aire fresco para las luchas en curso. Todos los pueblos que resisten la ofensiva colonialista de Estados Unidos y sus aliados salen fortalecidos. El “todopoderoso” Trump ha sido derrotado por un país cuyo PBI es 108 veces menor y con 4 veces menos población. El imperialismo ha sido frenado por las heroicas masas iraníes que no se rinden y por las masas norteamericanas que salieron en masa a enfrentar la guerra en su propio país. ¡Cómo no ser optimistas! Es sin dudas un gran día para los revolucionarios y luchadores en todo el mundo. Se abre nuevamente una gran posibilidad para la tarea de los pueblos de medio oriente: la destrucción del enclave sionista que es el estado de Israel, responsable de un genocidio contra el pueblo palestino y de atacar e invadir a todos sus naciones vecinas propagando el terror en nombre del imperialismo.
Por otro lado, sin ir más lejos y aunque a alguno le pueda resultar extraño la resistencia boliviana que enfrenta al gobierno de Rodrigo Paz con paros, bloqueos y autodefensa obrera y popular también se ve favorecida ya que no sólo enfrenta a su gobierno sino a la política pro-imperialista de saqueo impulsada abiertamente por Estados Unidos allí y en toda la región.
La derrota norteamericana demuestra a los ojos del mundo que ni los portaaviones, los cazas de última generación, los misiles y drones ni las bombas nucleares son inmunes a la lucha de clases. Que por más tecnología, Inteligencia Artificial y servicios de inteligencia la última palabra la tendrá la guerra de clases entre los empresarios y el pueblo, los patrones y los trabajadores, los burgueses y los obreros. Hechos como éste dejan sin palabras a las corrientes mayoritarias de la izquierda mundial, cada vez más reformistas, que construyen sus partidos al calor reconfortante de la democracia olvidando que es efectivamente una democracia de los “ricos” o como la llamamos los revolucionarios una democracia burguesa, de nuestros enemigos de clase. Para ellos que dedican páginas y discursos a convencer a los trabajadores y las masas que la única salida real es “votar bien” en las próximas elecciones o apoyar candidatos de izquierda la realidad muestra nuevamente que está lejos de sus prédicas: los gobiernos ajustadores pueden caer y el imperialismo puede ser derrotado.
Somos nuevamente testigos de una realidad que se ha repetido al largo de la historia. Lo que parece imposible a menudo sucede y en este caso en favor de los trabajadores del mundo. Esto reabre una perspectiva que en boca de los voceros capitalistas parece imposible: si puede ser derrotado el “amo” del mundo que concentra todo el poder económico y militar entonces un mundo distinto no sólo es necesario, sino que es posible. Pero para que las masas trabajadoras se organicen y emprendan el camino hacia una sociedad socialista a nivel mundial es necesario construir una dirección revolucionaria. Es necesario un partido obrero y revolucionario con un programa que conduzca a la toma del poder por la vía insurreccional y tire por tierra toda ilusión en la democracia de los capitalistas en la que vivimos. Es a ese proyecto al que intentamos aportar desde nuestro pequeño lugar junto a compañeras y compañeros de distintos países en la construcción de una alternativa revolucionaria para los trabajadores.

A continuación, colocamos los 14 puntos que componen el Memorándum de Entendimiento firmado:
Estados Unidos y la República Islámica de Irán acordaron conjuntamente de buena fe el (__ fecha) lo siguiente:
1 — Estados Unidos y la República Islámica de Irán, junto con sus aliados en la guerra actual, firman este Memorando de Entendimiento para declarar la terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluyendo el Líbano, y se comprometen a partir de ahora a no iniciar ninguna guerra ni operación militar entre sí, a abstenerse de amenazar o usar la fuerza mutuamente y a garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano. El acuerdo final confirmará la terminación permanente de la guerra en todos los frentes, incluyendo el Líbano, y demás disposiciones de este párrafo.
2 — Estados Unidos y la República Islámica de Irán se comprometen a respetar la soberanía e integridad territorial del otro y a abstenerse de interferir en los asuntos internos del otro.
3 — Estados Unidos y la República Islámica de Irán se comprometen a negociar y alcanzar el acuerdo final en un plazo máximo de 60 días, prorrogable por mutuo acuerdo.
4 — Inmediatamente después de la firma de este Memorando de Entendimiento, Estados Unidos comenzará a levantar el bloqueo naval y cualquier obstáculo o perturbación contra la República Islámica de Irán, y lo pondrá fin por completo en un plazo de 30 días. Durante este período, el tráfico marítimo se restablecerá en proporción al tráfico previo a la guerra en la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete además a retirar sus fuerzas de las proximidades de la República Islámica de Irán en un plazo de 30 días tras la firma del acuerdo final.
5 — Tras la firma de este Memorando de Entendimiento, la República Islámica de Irán hará todo lo posible para garantizar el paso seguro y gratuito de buques comerciales durante 60 días, desde el Golfo Pérsico hasta el mar de Omán y viceversa. El tráfico de buques comerciales comenzará de inmediato y, considerando la necesidad de eliminar los obstáculos técnicos y militares y realizar el desminado por parte de la República Islámica de Irán, se implementará en un plazo de 30 días. La República Islámica de Irán dialogará con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en consulta con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico, en conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados ribereños del estrecho de Ormuz.
6 — Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan definitivo y consensuado, con un presupuesto mínimo de US$ 300.000 millones, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán. El mecanismo para la implementación de este plan se definirá como parte de un acuerdo final en un plazo de 60 días. Estados Unidos otorgará todas las licencias, exenciones y permisos necesarios para las transacciones financieras pertinentes.
7 — Estados Unidos se compromete a poner fin a todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA, todas las sanciones unilaterales estadounidenses, primarias y secundarias, según un calendario acordado como parte del acuerdo final. La República Islámica de Irán y Estados Unidos reconocen la importancia crucial del tema del levantamiento de las sanciones antes mencionado y expresaron su intención de abordar de inmediato estas cuestiones en las negociaciones para lograr un acuerdo mutuo al respecto.
8 — La República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares. Estados Unidos y la República Islámica de Irán han acordado resolver la disposición de su arsenal de material enriquecido mediante un mecanismo que se acordará mutuamente, en conformidad con el calendario mencionado en el párrafo siete, con la metodología mínima de desnaturalización in situ bajo la supervisión del OIEA. Ambas partes también acordaron debatir la cuestión del enriquecimiento y otros asuntos mutuamente acordados relacionados con las necesidades nucleares de la República Islámica de Irán, sobre la base de un marco satisfactorio que se acordará en el acuerdo final. El acuerdo final confirmará las disposiciones de este párrafo y la República Islámica de Irán reconoce la importancia crucial de las cuestiones nucleares por encima de las misiones. Expresan su intención de abordar de inmediato estas cuestiones en las negociaciones para lograr un acuerdo mutuo al respecto.
9 — A la espera del acuerdo final, Estados Unidos y la República Islámica de Irán acuerdan mantener el statu quo. La República Islámica de Irán mantendrá el statu quo actual de su programa nuclear, y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región.
10 — Estados Unidos se comprometen a que, inmediatamente después de la firma de este Memorando de Entendimiento y hasta la finalización de las sanciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitirá exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní, productos derivados del petróleo y todos los servicios asociados, incluidas las transacciones bancarias, los seguros, el transporte, etc.
11 — Estados Unidos se compromete a poner a disposición los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán una vez implementado este Memorando de Entendimiento. Estados Unidos y la República Islámica de Irán acordarán mutuamente los procedimientos para la liberación de estos fondos durante las negociaciones. Dichos fondos, ya sea mediante la obtención de la cuenta original o mediante transferencia, se pondrán a disposición para el pago a cualquier beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete a emitir todas las licencias y autorizaciones necesarias.
12 — Estados Unidos y la República Islámica de Irán acuerdan que se establecerá un mecanismo ejecutivo para supervisar la correcta aplicación de este Memorando de Entendimiento y el cumplimiento futuro del acuerdo final.
13 — Después de la firma de este Memorando de Entendimiento, y sujeto al inicio de la implementación de los párrafos 1, 4, 5, 10 y 11 de este Memorando de Entendimiento, y la implementación continua de estas medidas, Estados Unidos y la República Islámica de Irán comenzarán negociaciones sobre el acuerdo final exclusivamente sobre los demás párrafos.
14 — El acuerdo final será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU.
