¡Abajo el gobierno burgués pro-imperialista de Paz Pereira. Por un gobierno obrero y campesino que rompa con la burguesía y el imperialismo

Por Eduardo Aguayo, de Insurgencia, Paraguay

Las masas trabajadoras bolivianas han vuelto a ingresar a un capítulo más de esas encrucijadas históricas que definen el destino de los pueblos explotados y oprimidos. A seis meses de haber asumido el poder, el gobierno derechista de Rodrigo Paz Pereira tambalea bajo el peso de un ascenso insurreccional que paraliza las arterias del país con más de cincuenta bloqueos de carreteras y movilizaciones masivas que sitian de forma permanente la sede de gobierno en La Paz.

La burguesía internacional; el imperialismo norteamericano y la OEA, con especial apoyo de los gobiernos que firmaron la alianza de subordinación con Trump en el denominado “Escudo de las Américas” como Javier Milei, José Kast o Santiago Peña, y ahora también algunos “progresistas” como Lula, cierran filas desesperadamente para defender el “orden democrático” y que la irrupción popular no se extienda a lo largo del continente amenazando sus intereses capitalistas de conjunto; mientras que la consigna central que unifica a los explotados ruge con fuerza inquebrantable en todo el país: ¡Renuncia inmediata de Rodrigo Paz Pereira!

Para comprender la dinámica de las jornadas de mayo de 2026 debemos partir de lo que ocurre en el campo de batalla; las masas están dando todo lo que permite su nivel de organización actual y de conformidad a la orientación política de sus actuales direcciones en un proceso de ascenso revolucionario que comporta: ruptura mayoritaria con el gobierno, organización independiente, boicot, sabotajes, autodefensa y ofensiva sobre la propiedad privada burguesa, y situaciones de doble poder en las regiones que controla. Sin embargo, todo el heroísmo del pueblo boliviano puede disiparse si no avanza más allá de sus direcciones reformistas y sindicales que están profundamente adaptadas a la lógica de funcionamiento del Estado burgués.

Para que la vanguardia boliviana pueda barrer con las ilusiones democrático-burguesas y avanzar hacia la independencia de clase y conquistar un gobierno obrero, socialista y efectivamente revolucionario requiere construir un programa que tenga como norte estratégico dicho objetivo. Sin un partido revolucionario actuando en el proceso en el mejor de los casos podría nacer una revolución deformada desde el inicio por su dirección, como fue la cubana, de allí que la tarea más importante es construir dicha organización al calor de la lucha con los más avanzado de la clase obrera y del movimiento de masas.

La caída del ciclo del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones de 2025 confirmó el veredicto que el trotskismo ha señalado incansablemente: cuando una revolución es frenada por el accionar de gobiernos de alianza de clases, se le abre inevitablemente el paso a la reacción de la derecha.

Una lucha que se inscribe en marco de la resistencia a las políticas imperialistas

Paz Pereira como buen lacayo del imperialismo está cumpliendo con una agenda que importa las medidas de recortes y ataques contra el pueblo trabajador en el marco de aumentar la explotación y la rapiña de sus recursos a partir de profundizar la reestructuración de la matriz productiva boliviana satisfaciendo así la política norteamericana de Trump que implica redoblar el saqueo, la recolonización, la dependencia y la represión como lo hacen Milei, Kast, Lula o Peña.

La lucha del pueblo boliviano es la misma que la de todos los pueblos de la región, la resistencia a los planes de miseria y hambre en el marco de la agudización de la crisis del sistema capitalista que nos quieren hacer cargar. Más que nunca debemos levantar con fuerza las banderas antiimperialistas, la lucha contra Paz Pereira no interesa sólo la clase trabajadora boliviana, una victoria del aguerrido pueblo trabajador boliviano significará una victoria de todos los pueblos de la región y demostrará que es posible vencer la agenda imperialista aplicada por sus socios menores, las burguesías latinoamericanas a las que debemos derrotar.

La bancarrota del MAS y el surgimiento del ajustador Paz Pereira

Durante veinte años, el falso “Socialismo del Siglo XXI” de Evo Morales y Luis Arce sirvió como un amortiguador de la formidable energía revolucionaria desplegada por la clase obrera, los campesinos y los pobres de las ciudades en las gestas de 2003-2005. El MAS nunca se propuso destruir el Estado burgués ni las bases del capitalismo subdesarrollado boliviano; al contrario, garantizó las ganancias de las transnacionales mineras y petroleras, ensanchó los privilegios de la banca y capituló sistemáticamente ante la oligarquía terrateniente y agroindustrial del Oriente; cuando el pueblo reaccionó no dudaron en aplicar la más brutal represión para recuperar el orden en el marco de satisfacer los apetitos del orden burgués nacional y trasnacional.

Cuando la bonanza de los hidrocarburos se agotó, el gobierno de Arce descargó la crisis sobre los hombros del pueblo. La posterior e infame disputa electoral entre las facciones “evistas” y “arcistas” – una pelea por dádivas burocráticas y blindajes judiciales- fragmentó y desmoralizó transitoriamente a las organizaciones obreras, pavimentando el retorno electoral de la reacción abierta, encarnada en Rodrigo Paz Pereira.

Desde su asunción en noviembre de 2025, el régimen de Paz Pereira no ha hecho más que confirmar su carácter de agente directo del capital agroindustrial y el imperialismo. Tras poblar su gabinete con empresarios del sector primario-exportador, el gobierno inició con la eliminación del impuesto a las grandes fortunas y a retirar los subsidios de alimentos esenciales como la harina. Luego procedió a levantar los subsidios a los combustibles lo que lo enfrentó con una enorme movilización en las jornadas de enero  conocidas como “el gasolinazo”, que hizo retroceder al gobierno, pero que no logró avanzar más por el accionar de la dirección de la COB que levantó las medidas de fuerza sin haber logrado nada concreto, sólo promesas. Estas medidas antipopulares, sumadas a la asfixiante escasez de divisas y a la crisis endémica de combustibles de pésima calidad, pulverizaron el poder adquisitivo de los trabajadores, sumiendo al país en el espectro del hambre y la miseria generalizada.

Las Jornadas de Mayo: De las reivindicaciones corporativas a la huelga política

La insurrección actual no brotó de la nada; es el resultado de una acumulación de luchas del pueblo trabajador boliviano. Ya en enero, masivas protestas contuvieron un primer andamiaje de medidas ligadas al precio del combustible, y en los meses posteriores los paros del transporte arrinconaron al ejecutivo. La chispa que unificó el polvorín social fue el intento gubernamental de imponer la Ley 1720 de reconversión de la pequeña propiedad agraria, una contrarreforma orientada a legalizar una mayor concentración de la tierra en favor de los barones agroindustriales.

La respuesta de las masas ha sido colosal. El paro indefinido decretado por la Central Obrera Boliviana (COB), junto a las marchas desde la Amazonía y los bloqueos implacables de la Federación Sindical de Campesinos Túpak Katari de La Paz, las Federaciones de Maestros, los Trabajadores Fabriles y los  Ponchos Rojos, ha transformado al país en un hervidero que no está dispuesto a desistir de la lucha hasta lograr la caída de Paz Pereira. Las movilizaciones del 18 de mayo y de los días subsiguientes arrastraron masivamente a las masas desde El Alto para cercar la Plaza Murillo.

Aterrorizado por la envergadura de la revuelta, Paz Pereira ha ensayado maniobras de distracción gatopardista: abrogó apresuradamente la Ley 1720, sacrificó a su ministro de Trabajo Edgar Morales tras una brutal represión que ya costó la vida de cinco manifestantes, y convocó a un tramposo “Consejo Económico y Social”,  del cual estarían excluidas la COB y la CSUTCB. Al mismo tiempo, criminaliza la protesta dictando órdenes de aprehensión por “terrorismo” contra el secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, y acusa falsamente a la movilización de ser un mero complot financiado por el narcotráfico o digitado por Evo Morales. Luego del fracaso de su intento de desbloqueo el sábado 23 de mayo que se cobró la vida por herida de bala de un joven de 21 años, el gobierno ha anunciado que reducirá los salarios del presidente y sus ministros en un 50%, pero eso no logró calmar la furia de las bases movilizadas. Actualmente el gobierno y la burguesía están barajando la declaratoria de Estado de Sitio, para militarizar las zonas del conflicto, lo cual generará mas luto y sangre del pueblo trabajador.

Pero las bases han rebasado a sus propias direcciones. El pacto de “no traición” sellado por los sindicatos y los Ponchos Rojos sostiene un mandato categórico: no se negocia nada con el gobierno mientras Paz Pereira no caiga, se ha anunciado desde los puntos de bloqueo que están dispuestos a enfrentar el Estado de sitio. La demanda de las bases mineras y campesinas es clara: “Se va de buenas con una renuncia o se va con una convulsión social”.

¿Quién gobierna después de Paz? El peligro del vacío y el reformismo

El gran dilema estratégico que enfrenta la insurrección en este punto de viraje es la ausencia de una alternativa de poder, de una dirección revolucionaria capaz de conducir el proceso hasta el final. El ala ligada a Evo Morales pretende instrumentalizar la sangre derramada por el pueblo trabajador bajo la consigna jesuítica de “Por la Vida para Salvar Bolivia”, buscando canalizar el descontento hacia una recomposición del andamiaje legal burgués que le permita volver a postularse a la presidencia.

La vanguardia obrera y campesina debe comprender que un retorno de Evo Morales, o el ascenso transitorio de figuras institucionales de recambio burgués (como el vicepresidente Lara o el adelantamiento electoral), constituirá un nuevo callejón sin salida. Un nuevo gobierno del MAS o de cualquier variante reformista apenas modificará el ritmo del ajuste (como ha quedado demostrado con las alternativas progresistas en el continente), manteniendo la sumisión de la economía nacional ante el imperialismo y los empresarios. Como señaló Trotsky en la Teoría de la Revolución Permanente, en los países de desarrollo capitalista atrasado, las tareas democráticas y de liberación nacional sólo pueden ser resueltas de manera íntegra y efectiva mediante la dictadura del proletariado, para lo cual es necesario que la vanguardia obrera logre el apoyo del campesinado, la fuerza y la rebeldía de los estudiantes y las organizaciones indígenas oprimidas que, en países como Bolivia, tienen un destacado peso.

El programa de acción para la victoria obrera, campesina e Indígena

Para impedir que la burguesía vuelva a expropiar la victoria de las calles mediante elecciones tramposas o golpes de timón parlamentarios, la COB, las federaciones campesinas e indígenas y los comités de base deben asumir de inmediato un programa de independencia de clase orientado a la toma del poder. Proponemos los siguientes ejes urgentes de acción:

1.    Ante la existencia de una situación de doble poder – Comité Nacional de Huelga y Abastecimiento: Es imperativo centralizar los piquetes de huelga, los comités multisectoriales y las juntas vecinales de El Alto y La Paz en un gran Comité Nacional de Delegados Obreros, Campesinos, Estudiantes e indígenas. Este organismo debe tomar el control de la distribución de alimentos, medicamentos y combustibles de forma directa, neutralizando el desabastecimiento provocado por el acaparamiento patronal y garantizando la supervivencia de los hospitales y de las familias trabajadoras. En la historia de las grandes luchas de Bolivia siempre se ha creado un doble poder a partir de la irrupción de la COB y hoy es necesario que la Central Obrera y las direcciones de los demás sectores vuelvan a jugar ese papel dirigente para hacer avanzar el proceso de lucha.

2.    Autodefensa Obrera y Popular: Frente a la represión policial y judicial del Estado burgués, y ante las amenazas de intervención militar respaldadas por el imperialismo, se hace urgente la organización de las milicias obreras y campesinas. La experiencia histórica de las tesis de Pulacayo debe revivir: se requiere el armamento sectorial y la estructuración de comités de autodefensa unificados bajo el mando de los mineros y los Ponchos Rojos para desarmar a los provocadores y disolver las fuerzas represivas del régimen. .  Llamar a los soldados y mandos subalternos de las fuerzas armadas y la policía que dejen de reprimir y se pasen del lado del pueblo trabajador de donde provienen los mismos y sus familias. Es la hora de que den vuelta las armas contra el gobierno, los burgueses y el imperialismo.

3.    Control Obrero de la Economía y Expulsión del Imperialismo: Ninguna salida será viable si no se golpea directamente la propiedad terrateniente e industrial. Es necesario exigir la incautación de la agroindustria del Oriente que especula con la canasta básica; la obligación estatal inmediata para que los exportadores repatríen el 100% de los dólares al circuito nacional; la nacionalización bajo control obrero de toda la gran minería (litio, cobre, plata) y los hidrocarburos; y el no pago de la deuda externa usuraria.

4.    Ninguna confianza en el Diálogo Burgués ni en las Trampas de la OEA: Rechazar el Consejo Económico y Social instituido por Paz Pereira para dilatar el conflicto. Abajo la injerencia de los gobiernos reaccionarios de la región y del imperialismo yanqui. ¡Libertad inmediata e incondicional a todos los detenidos por luchar y anulación de las órdenes de captura contra los dirigentes sindicales!

El pueblo trabajador boliviano nos muestra el camino, es necesario rodear de solidaridad la lucha a través de distintas acciones en todos los países llamando a sindicatos, asociaciones y partidos a movilizarnos frente a embajadas y consulados, discutiendo en cada lugar de trabajo y estudio la lección que están dando en masas en las calles y las tareas necesarias para avanzar hacia una gran victoria; así mismo, debemos impulsar medidas de boicot a las acciones de los gobiernos que están apoyando a Paz Pereira como el gobierno de Milei quien mandó dos aviones C-130 cargados de materiales para la represión.

¡Trabajadores de Bolivia! La burguesía y sus agentes tiemblan en el Palacio de Gobierno. Las condiciones objetivas para el derrocamiento del capitalismo boliviano están maduras; lo que falta es la dirección revolucionaria. La tarea del momento es fundir la energía insurreccional de las masas con la construcción de un genuino partido de los trabajadores revolucionario e internacionalista.

¡Abajo el gobierno hambreador de Rodrigo Paz Pereira! ¡Por un Gobierno de Obrero y Campesino de ruptura con la burguesía y el imperialismo, responsable ante la COB y demás órganos de poder que surjan de la movilización!

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