El imperialismo puede ser derrotado ¡Todo el apoyo a la resistencia palestina e iraní!

Diferentes dirigentes que se definen como antiimperialistas, del PSOL brasilero, del castro chavismo, de los partidos comunistas de diferentes países, así como reconocidos “influencer”, intentan justificar la vergonzosa entrega al imperialismo del chavismo venezolano, diciendo que hay que reconocer el inmenso poderío de Trump frente al cuál poco se puede hacer y que lo de Delcy Rodríguez (que incluye negar el petróleo a Cuba y enviarlo a Israel) es una táctica brillante para ganar tiempo.

Al mismo tiempo, la mayor parte de las organizaciones de izquierda, incluso varias que se definen trotskistas, pintan una realidad mundial  donde sólo hay luchas defensivas y no se cansan de hablar del peligro de la ultraderecha, de la que Trump sería el mayor ejemplo, que crece indefinidamente, a la que es muy difícil enfrentar, lo que justificaría desde los frentes electorales amplios, con estalinistas y reformistas de todo tipo, hasta dar el voto a los candidatos de los gobiernos de turno.

Como no podía ser de otra manera, esas posiciones de la mayor parte de las organizaciones y dirigentes de izquierda influyen sobre un gran número de luchadores obreros, estudiantiles, populares.

Es así como muchas veces, ante nuestro planteo de la necesidad de la revolución socialista para acabar con el capitalismo y construir una nueva sociedad, nos responden: -Eso sería muy bueno, pero es imposible, porque el imperialismo no sólo tiene el mayor armamento del mundo, sino que tienen el dominio de la tecnología, por lo que pueden hacer lo que quieren-.

Si eso fuera cierto, nunca hubiera habido triunfo revolucionario, porque los dueños del poder siempre han tenido el control de las armas y de la tecnología en los diferentes momentos de la historia, pero las revoluciones y las guerras no se definen sólo por el poderío militar.

Por eso el imperialismo yanqui, la mayor potencia militar del planeta fue derrotado, en 1975, en Vietnam que tenía una capacidad militar cualitativamente menor. Esa diferencia era abismal, China enviaba armas a cuentagotas, la escasez de armamento era tan grande, que había sectores vietnamitas que enfrentaban a los poderosos marines con arcos y flechas y haciendo trampas con víboras venenosas en medio de la selva.

Los vietnamitas tuvieron un millón de muertos, EE.UU sólo cincuenta mil, pero tuvieron que salir huyendo. Son impactantes los videos que muestran a los yanquis corriendo para alcanzar los aviones que los sacaran de Vietnam. Eso fue así porque la heroica resistencia del pueblo vietnamita se combinó con una gran movilización en EE.UU contra la guerra, protagonizada por los familiares de los soldados que exigían la vuelta de sus hijos y de estudiantes que se negaban a ser reclutados. Movilización que contó con el apoyo de importantes figuras artísticas y del deporte. La más significativa de esas figuras fue la del campeón mundial de box Muhamad Alí, quien se negó a ir a la guerra diciendo que no tenía por qué luchar contra un pueblo que nunca le hizo mal, siendo que era en su país en donde había recibido todos los ataques por ser negro y pobre.

Vietnam es el máximo ejemplo de cómo el poderío militar no define las guerras, pero no es el único. Ya en el siglo XXI, el imperialismo norteamericano volvió a ser derrotado en Irak y después en Afganistán, y en los momentos actuales no le va muy bien.

El imperialismo frente a Gaza e Irán

En los planteos de la gran mayoría de las organizaciones de izquierda hay dos cuestiones equivocadas en relación con los ataques a Palestina, Irán, Venezuela, Cuba, a los inmigrantes.

El primero tiene que ver que lo ven como si fuese un ataque sólo de Trump, es decir de la ultraderecha, y no del conjunto del imperialismo y con eso le dan la razón a la campaña de que todo cambiará si el Partido Demócrata gana las elecciones en EE.UU. Cuestión que a nivel de los diferentes países se expresa en el llamado a derrotar a la ultraderecha dando apoyo electoral a los candidatos “progresistas”, a Lula, a Boric, al candidato de Petro.

Cuando de lo que se trata es de una ofensiva recolonizadora del conjunto del imperialismo yanqui y la mayor prueba es que tanto Biden como Trump dieron un apoyo total al ataque genocida de Israel contra Gaza, que hasta ahora la mayor cantidad de deportaciones de inmigrantes se dio con el gobierno de Obama y que, aunque con formas y discursos diferentes, los intentos recolonizadores contra Venezuela, Cuba, Irán, vienen desde hace tiempo, bajo la administración de republicanos o demócratas.

El otro gran error es pensar que los actuales ataques de Trump (incluida la cuestión de las tasas) son una muestra de fortaleza del imperialismo. Por el contrario, son una salida desesperada para enfrentar la crisis económica, política y social de EE.UU.

Política que se le ha vuelto en contra, ya que su triple crisis se ha potenciado:  los gastos de la guerra profundizan la crisis económica,  la economía popular es perjudicada por las consecuencias de la guerra y eso cataliza las masivas movilizaciones contra el gobierno, Trump no se encuentra bien ubicado para las próximas elecciones y  la política de las tasa y el ataque a Irán le ha generado conflictos con el imperialismo europeo.

El triunfo que Trump obtuvo en Venezuela no se debió a la fortaleza de un “super imperialismo”, sino a la vergonzosa entrega y colaboración del chavismo. Lo mismo podemos decir en relación con Cuba, que contó con la explícita colaboración del gobierno venezolano que, siguiendo las órdenes del amo imperialista, dejó de enviar petróleo a Cuba para enviarlo a Israel, y con la capitulación de los llamado gobiernos progresistas que, de hecho, acataron el cerco petrolero impuesto por Trump.

Pero donde hay resistencia no pasa eso, sino todo lo contrario. Durante dos años y medio vienen dando un apoyo total, político, en armas, en dinero al genocidio de Israel sobre Gaza y no han logrado sus objetivos.  Por el contrario, la heroica resistencia palestina y las inmensas manifestaciones de solidaridad en todo el mundo y en los propios EE.UU han provocado un aislamiento internacional de Israel como nunca existió, y llevó a Trump a cambiar su proyecto de “resort” de lujo en Gaza por su falso Plan de Paz, obligando a Netanyahu a aceptar un cese al fuego para obtener la liberación de los rehenes.  Isarel después de dos años y medio de ataques permanentes no ha conseguido apoderarse de todo el territorio (informan que hay un 40% que no controlan) y no han podido lograr el desarme de la resistencia. A pesar de las amenazas de Trump, Hamas y el resto de las organizaciones no han aceptado el desarme y todo indica que, a pesar de las bajas que han tenido, se han recompuesto. Realizaron un genocidio, el sufrimiento del pueblo de Gaza es terrible, pero lo que obtuvieron Israel y EE.UU ha sido la profundización de su crisis. Por eso es que, políticamente, vienen siendo derrotados. Lo que, como decimos en el artículo “antisionismo no es antisemitismo”, fortalece la hipótesis del historiador israelí, Ilan Pappé, de que estamos en el inicio del fin del estado sionista de Israel.

Repetimos, la resolución de una guerra no se basa sólo en el poderío militar ni en el número de bajas y la destrucción del adversario. Si así fuese, el resultado ya estaría definido, antes de que la guerra comenzara, a favor de Israel y del imperialismo y en contra de Palestina e Irán,

Vietnam probó eso, Palestina lo está mostrando e Irán vuelve a planear la gran posibilidad de una derrota política y militar del imperialismo yanqui, lo que significará una importante victoria para los trabajadores, estudiantes y luchadores antiimperialista de todo el mundo. Si se concreta, esa derrota del imperialismo fortalecerá las luchas contra todos los gobiernos capitalistas, incluida la de los trabajadores, estudiantes y mujeres iraníes contra de la dictadura de los Ayatolás.

Trump intentó repetir el éxito obtenido en Venezuela declarando, junto con Israel, la guerra a Irán el 28 de febrero. Intentó aprovechar la situación de inestabilidad de la dictadura de los Ayatolás que había enfrentado con una represión brutal el proceso insurreccional que se desató en el mes de enero. El pretexto era detener el desarrollo del armamento nuclear de Irán, y su objetivo declarado era acabar con el régimen, a partir de imponer un nuevo gobierno o poniéndolo a su servicio como hizo en Venezuela. Obviamente había un objetivo económico, apoderarse de la tercera reserva mundial de petróleo y un objetivo político, controlar el principal país de la región y el más poderoso aliado de Palestina.  Y todo eso lo pensaba conseguir en pocos días y llamaba a los insurrectos de enero a sumarse a la lucha contra el régimen iraní. Pero el pueblo iraní no cayó en esa trampa y priorizó la lucha contra el ataque imperialista.

Ya van tres meses de guerra y son muchos los analistas burgueses que vienen diciendo que es Trump el que está perdiendo.

En este sentido es interesante ver qué es lo que dice el enemigo. El periodista mexicano Témoris |Greco, analiza un artículo de Robert Kagan publicado este 10 de mayo en el periódico The Atlantic titulado “Jaque mate en Irán. Washington no puede revertir ni controlar las consecuencias de perder esta guerra”.

Robert Kagan es cofundador del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, referencia central para los neoconservadores (los halcones). Fue el diseñador intelectual de la guerra en Irak y es actualmente senior fellow en Brookings Institution, otro centro de los neoconservadores.

En ese artículo Kagan afirma: “(…) Las derrotas en Vietnam y Afganistán fueron costosas, pero no dañaron de forma permanente la posición general de Estados Unidos en el mundo, ya que se desarrollaron lejos de los principales escenarios de la competencia global (..)

Pero ahora: “La derrota en el actual enfrentamiento con Irán tendrá una naturaleza completamente distinta. No podrá repararse ni ignorarse. No habrá retorno al statu quo anterior, ni un triunfo estadounidense definitivo que deshaga o supere el daño causado. El estrecho de Ormuz no volverá a estar abierto, como lo estuvo en el pasado”.

“Tras 37 días de intensos bombardeos que destruyeron gran parte de la infraestructura militar iraní y eliminaron a una proporción significativa de su liderazgo, Irán ni colapsó ni hizo concesiones de nada. El punto de inflexión del conflicto fue la respuesta iraní: el ataque israelí al campo de gas South Pars provocó el contrataque sobre las instalaciones de Ras Laffan en Qatar, dañando la capacidad global de producción de gas natural licuado por años. Trump detuvo los bombardeos y declaró un alto al fuego sin extraer ninguna concesión iraní (…) “La administración Trump espera lograr mediante el bloqueo de los puertos iraníes lo que no se consiguió por la fuerza militar, pero es poco probable que un gobierno que no se rindió ante cinco semanas de ataques incesantes se rinda únicamente ante la presión económica”.

Para salir de esa situación lo que aconseja este ideólogo de los “halcones” es: “Emprender una guerra terrestre y naval a gran escala para derrocar al actual régimen iraní y, posteriormente, ocupar Irán hasta que un nuevo gobierno pueda tomar el poder”.

Salida de la que están en contra la gran mayoría de los jefes militares y que ya ha provocado una fuerte crisis en las FF. AA  estadounidenses.

Y lo que no plantea Kagan es que las consecuencias de la guerra sobre la economía de los trabajadores y sectores pobres de EE.UU es una de las causas importantes que movilizaron a millones en el “No King”.

Como decimos en el título de este artículo, es posible derrotar al imperialismo. Eso implica que no es imposible el triunfo de la revolución socialista, para lo que se hace necesario avanzar en la construcción de una dirección revolucionaria mundial. Temas estos que iremos desarrollando en próximos artículos.

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