UNIDAD Y MOVILIZACIÓN PARA DERROTAR LAS POLÍTICAS DE MISERIA Y SAQUEO
A nivel mundial estamos sufriendo ataques de los gobiernos burgueses, imperialistas y no imperialistas, que aumentan la explotación, la miseria, el daño ambiental y conducen a la clase trabajadora a la barbarie. La crisis aguda que vive el sistema capitalista, expresada en la decadencia del propio imperialismo norteamericano, explica su política de guerra, saqueo y destrucción de otros pueblos pretendiendo recomponer así su propia economía en descalabro; sus medidas aterrizan en nuestros países con la complicidad de los gobiernos lacayos como el de Santiago Peña, Milei y otros de ultraderecha, pero también de la mano de los denominados progresistas que actúan al servicio de la burguesía nacional y trasnacional aplicando políticas de expoliación de recursos, achicamiento estatal, privatizaciones, inflación y aumento de la miseria.
Uno de los epicentros de la lucha de clases es, sin dudas, hoy Medio Oriente con la guerra desatada por el imperialismo norteamericano en alianza con el Estado artificial y genocida de Israel. En ese sentido, los criminales de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, luego de llevar adelante el genocidio contra el pueblo palestino, se embarcan en la guerra contra Irán y el Líbano y el conjunto de los pueblos que en la región oponen resistencia a la política de saqueo imperialista. Esta guerra en curso tiene al imperialismo empantanado, aumentando la crisis política y económica en el corazón del imperio con movilizaciones de masas en contra de Trump.
El otro gran centro de disputa es la continuación de la invasión rusa a Ucrania, donde la clase obrera planta cara ante el dictador Putin sin dejar de cuestionar las políticas conciliadoras a las que busca capitular Zelensky en beneficio de la política expoliadora del imperialismo norteamericano y europeo.
La polarización de la lucha de clases a nivel mundial
Con sus distintas escalas y matices —en la disputa entre revolución y contrarrevolución— llegan a Latinoamérica las políticas de destrucción de los derechos de la clase trabajadora, siendo emblemático el caso de Argentina, donde el gobierno ultrarreaccionario de Javier Milei ha logrado asestar una reforma laboral que derriba décadas de conquistas, más allá de que este proceso de pérdidas de derechos es la continuación del kirchnerismo y el macrismo como expresiones diferentes de la misma política burguesa, aunque claramente con Milei haya pegado un salto cualitativo el entreguismo de soberanía y la destrucción de derechos.
Pero esta situación de lucha contra las medidas de los gobiernos abiertamente liberales y aquellos denominados “progresistas” como el de Lula no es una novedad. En Brasil, la lucha de los trabajadores petroleros (PETROBRAS), los del sector de correos, del subte, entre otros, es la expresión de la lucha contra las políticas de privatización que se llevan a cabo con el discurso progresista de los llamados gobiernos de “izquierda”.
En Chile ocurre prácticamente lo mismo: el gobierno “progresista” de Boric cuyo balance es el haber logrado cerrar el proceso de luchas para dar tranquilidad a la burguesía en el marco de continuar con el enriquecimiento del empresariado chileno y trasnacional; Kast recibe ese legado para apretar el acelerador actuando con mayor rigor sobre el pueblo chileno y los inmigrantes, aunque la movilización estudiantil ya mostró que el estallido del 2019 sigue latente en la conciencia de miles.
Lo mismo podríamos decir del gobierno corrupto de José Jeri en Perú que a duras penas se mantiene ante el malestar generalizado por la continuidad de las políticas antipopulares de Boluarte y sus antecesores, o el cimbronazo que tuvo que sortear Rodrigo Paz en Bolivia ante la huelga contra el levantamiento de subsidios al combustible en la lucha reciente del gasolinazo. Ningún gobierno de la región es la excepción; el carácter más o menos reaccionario, más o menos progresivo no hace diferencia en cuanto a la política que sufre la clase trabajadora en beneficio de las patronales.
Todo esto muestra que ante los ataques hay reacciones de la clase trabajadora que no está derrotada, que se organiza y sale a luchar contra las medidas de los gobiernos burgueses de todos los signos y pelajes. El gran desafío es que logremos organizar las luchas heroicas de nuestros pueblos a través de un programa revolucionario para liberarnos de toda la explotación y miseria que nos impone el imperialismo a través de la clase burguesa parasitaria en cada rincón del mundo.
El gobierno de Peña plantea economía de guerra para la clase trabajadora
La clase trabajadora en nuestro país está cada vez peor, soportando el aumento del precio de la canasta básica familiar (inflación), el aumento del combustible, la falta de kits escolares, la regulada del transporte público, en fin, el encarecimiento de la vida ante la falta de políticas que resuelvan los problemas estructurales históricos en nuestro país, empezando por el necesario reajuste y aumento salarial y la generación de empleo formal; cuya contracara es el aumento de la flexibilización y la precarización laboral y el cercenamiento de derechos para que la crisis la pague la clase trabajadora.
La profunda crisis económica expresada en la desastrosa situación laboral de la inmensa mayoría, de la salud pública, la seguridad social y de la educación, entre otros, es producto de la política económica neoliberal del gobierno, que responde a las recetas del FMI, el Banco Mundial y otros organismos responsables de la pobreza en el mundo.
El gobierno de Peña es un agente servil del imperialismo ante quien se arrodilla para someterse a acuerdos como SOFA, que no es otra cosa que la expresión del entreguismo más vil de la soberanía territorial, así como la entrega de nuestros principales recursos como la energía eléctrica al servicio de los capitalistas ligados a las empresas electrointensivas.
El retroceso que se vive se expresa en la pérdida de conquistas históricas y derechos fundamentales como la contrarreforma de la seguridad social con la aprobación de la Ley de la Superintendencia de Jubilaciones y Pensiones, o los cambios paramétricos en la carta orgánica del IPS (extensión del periodo de referencia para jubilarse que pasó de los últimos tres años a los últimos diez años), la fusión parcial del sistema de salud pública y el IPS, entre otros.
En el sector público, lo arriba descrito se expresó recientemente a través de la reforma de la Caja Fiscal conllevando un enorme retroceso en el sector docente (que aportará más, trabajará más años y se jubilará con menos). Un año atrás, a través de la Ley de la Carrera del Servicio Civil quedó prácticamente sepultado el derecho a la sindicalización, a la huelga y a los convenios colectivos.
Todo lo mencionado se exacerba cuando hablamos del sector privado, en especial la juventud trabajadora, que sufre la transgresión a los derechos laborales como regla (violación de condiciones de seguridad e higiene, tercerizaciones, no pago de horas extras, etc.) y ni qué decir cuando se refiere a los intentos de conformación de sindicatos y aquellos pocos que los tienen sus contratos colectivos son incumplidos sistemáticamente ante la indolencia e inoperancia del Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS) que actúa como un agente de las patronales que imponen una dictadura en los lugares de trabajo.
Sufrimos también la corrupción galopante y el robo descarado como práctica institucionalizada de este gobierno y el empresariado que parasita el Estado (industria farmacéutica, constructoras, proveedoras de servicios, etc.). Este parasitismo se expresa en las licitaciones amañadas en las que se sobrefacturan los bienes y servicios acumulando el Estado multimillonarias deudas que pagamos nosotros a través de los impuestos en el carnaval de la malversación de fondos públicos.
En este marco, no puede dejar de mencionarse la desvergonzada utilización de los fondos jubilatorios, encabezado por el propio presidente Santiago Peña a través del banco amigo UENO que viene apropiándose de los fondos del IPS para negocios financieros de manera completamente irregular, además de ser el principal receptor de fondos públicos.
La clase trabajadora necesita tomar el poder
La mafia cartista en alianza a los demás partidos patronales como parte del PLRA, Patria Querida, etc., han copado y desfigurado todas las instituciones del Estado degradando cada vez más el débil régimen democrático-liberal que tenemos y que se expresa en el enriquecimiento de una minoría y el aumento de la pobreza para la mayoría en un escenario de retaceo de derechos para el conjunto del pueblo trabajador y sus organizaciones.
Basta ver casos como los senadores Hernán Rivas, Javier Vera (Chaqueñito) o el narco legislador Erico Galeano para hacerse una idea de lo putrefacto del sistema y al mismo tiempo ver la situación de explotación en las maquilas que tanta propaganda hace el gobierno en el marco de la generación de miles de empleo donde no hay posibilidad alguna de formar sindicatos ante la transgresión de derechos laborales.
En este escenario político la oposición de derecha como la izquierda reformista son más de lo mismo; con el agravante que la mayoría de la izquierda en nuestro país, apelando al electoralismo sin principios, solo busca ser furgón de cola de algún sector burgués progresivo que lo mantenga con oxígeno para cumplir con el rito del cretinismo parlamentario.
El ejemplo más cercano y representativo del desbarranque político es el Partido Paraguay Pyahurã (PPP), de cuño maoísta, quienes dieron un salto en su adaptación al ser parte del bloque democrático con sectores burgueses y pequeñoburgueses dejando de lado las tradicionales marchas campesinas de la Federación Nacional Campesina (FNC) que, por más que siempre tuvieron un papel ritualístico, no dejaban de ser una expresión de movilización de los agricultores por demandas sentidas del campesinado.
Otras organizaciones degeneradas como el PMAS prácticamente han desaparecido, hundido en el desprestigio que le reportó sus más emblemáticos dirigentes, entre ellos, Camilo Soares señalado como corrupto y charlatán; el PCP no plantea más que una fórmula ambigua de “unidad amplia por el socialismo” y por cuyos antecedentes y apoyos explícitos a dictaduras como las de Díaz-Canel en Cuba o hasta hace poco con el chavismo, o su posición en la invasión rusa a Ucrania no se puede esperar más que las viejas orientaciones de los PCs “desestalinizados” que pululan apoyando cuanto gobierno burgués nazca como alternativa a la derecha más tradicional, como lo hicieron con Boric en Chile por citar un solo ejemplo.
Los trabajadores necesitamos una organización política independiente que no busque postrarse ante sectores burgueses y pequeñoburgueses no colorados (el supuesto empresariado progresista) para intentar aminorar las tasas de explotación y opresión que sufre el pueblo trabajador.
Necesitamos una organización compuesta solo por trabajadores y trabajadoras que defienda un programa en defensa de nuestros derechos y dé la pelea por un programa revolucionario que tenga como objetivo la toma del poder por la clase obrera para acabar con la clase burguesa y construir un estado obrero y socialista en perspectiva de una revolución internacional.
Preparemos un Primero de Mayo unitario, clasista y combativo
El gobierno cartista de Santiago Peña es hoy el principal enemigo del pueblo trabajador; debemos derrotar sus nefastos planes neoliberales que nos están hundiendo en la miseria. A pesar de los duros ataques que venimos soportando, los trabajadores seguimos resistiendo y movilizándonos. En el último periodo se han movilizado los jubilados, los trabajadores del sector público y privado, los médicos, los campesinos, los de la tercera edad, entre otros.
Necesitamos reconstruir un espacio de lucha de distintos sectores sociales y sindicales como ha cumplido en su momento el Frente Sindical y Social lamentablemente desinflado por el desinterés de los sindicatos de mayor empuje que, en su miopía político-gremial que padecen, caminan mirándose el ombligo ante los problemas generales de la clase trabajadora.
Es imperiosa la construcción de una alternativa de unidad frente al nefasto rol que vienen cumpliendo los dirigentes de la mayoría de las centrales obreras como la CUT, CUT-A, CNT y aquellas centrales de membrete como CGT, CPT o CESITEP consuetudinariamente traidoras y entregadas cada vez más al gobierno cartista. No es casualidad que la mayoría de los trabajadores miren con desconfianza y asco a estos burócratas responsables de la descomposición de las organizaciones de los trabajadores.
Debemos hacer un gran esfuerzo para que el próximo 1 de mayo, fecha histórica de la clase trabajadora, día en el que recordaremos a los Mártires de Chicago y a los miles de mártires que entregaron la vida por la causa obrera, se convierta en un acto masivo de protesta y lucha contra los planes económicos del gobierno de Peña. Un acto unitario que convoque a los distintos sectores oprimidos y explotados y que represente un encuentro inspirador para próximas movilizaciones y, si es posible, ponga en perspectiva la organización de una huelga general.
Por último, consideramos que, aunque la movilización permanente es imprescindible, si la clase trabajadora no se organiza para irrumpir en el escenario político con su propio programa revolucionario y su propio partido para tomar el poder del Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías no podemos pensar en ningún cambio verdadero. Por eso, te invitamos a construir juntos INSURGENCIA.
¡CONTRA LA POLÍTICA SAQUEADORA DEL IMPERIALISMO!
¡ABAJO EL GOBIERNO SERVIL Y HAMBREADOR DE SANTIAGO PEÑA!
¡CONTRA LA BUROCRACIA DE LAS CENTRALES TRAIDORAS Y CORRUPTAS!
¡POR LA RECUPERACIÓN DEL MOVIMIENTO DE TRABAJADORES!
¡POR UN 1º DE MAYO UNITARIO, CLASISTA Y COMBATIVO!
¡VIVA EL 1° DE MAYO! ¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA!
CONDUCCIÓN PROVISORIA DE INSURGENCIA
