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TIRAR ABAJO LA REFORMA LABORAL Y AL GOBIERNO PROIMPERIALISTA DE MILEI

¡Con una nueva dirección y organizándonos desde abajo es posible!

 

   El gobierno, con el apoyo de sus aliados y los gobernadores peronistas, consiguió los votos tanto en el Senado como en Diputados para avanzar con la aprobación del proyecto de reforma laboral. El apoyo del peronismo fue decisivo, pero no sólo en el Congreso, sino en su política de frenar toda posibilidad de una movilización masiva de la clase obrera y los sectores populares que hubiera podido derrotar el plan y al propio gobierno.

 

Por GOI (Grupo Obrero Internacionalista) de Argentina

 

Tanto desde la conducción de las centrales sindicales, como de sus movimientos políticos y aliados impusieron la desmovilización, no movieron un dedo y dejaron pasar la votación.

  Los ejemplos, aún aislados y de vanguardia, de resistencia vinieron de la presión por abajo que les impuso llamar un paro (que luego hicieron nada para garantizar y buscaron fuera pasivo), de sectores que salen a luchar porque están recibiendo ataques directos y de cierta presencia de organizaciones de izquierda en la calle cuando el proyecto se trató en ambas cámaras.

   Más allá de un poco de “show tribunero” en los discursos o en los medios, en lo concreto han actuado como cómplices. No es casualidad, los propios dirigentes pseudoopositores hablan de que es “necesaria una reforma (“modernización” le dicen con elegancia…) laboral, y las diferencias son más bien de forma o intensidad.

 

Unidad, de los ajustadores…

 

   Estos acuerdos de fondo entre todos los partidos patronales no hacen más que reflejar la unidad de todos los sectores burgueses y capitalistas sobre las cuestiones fundamentales: sumisión a los planes imperialistas y hacer que sean los trabajadores y el pueblo, con más hambre, miseria y explotación, quienes paguen la crisis que ellos mismos generaron.

  Este acuerdo de fondo entre los burgueses y sus políticos que los representan no se resume solo a la Reforma Laboral, es un plan global de ataques a los laburantes y de sometimiento colonial a las potencias imperialistas. El ajuste y el modelo, de un país con su economía primarizada, recursos entregados a las “inversiones” extranjeras que saquean, extractivismo y destrucción de la industria local, no es novedoso, ya lo vimos de una u otra forma en todos los gobiernos de las últimas cinco décadas.

No es casualidad que en sintonía también avancen con el acuerdo Mercosur-Unión Europea, para continuar con la primarización de la economía y facilitar la importación de productos industriales a costa de reventar los restos de la industria local; o la Ley de Glaciares, para abrir la puerta a las mineras extranjeras y a un saqueo que no tenga miramientos en destruir un recurso fundamental como las reservas de agua dulce de glaciares y suelos congelados.

Ese plan global, también tiene su costado represivo. Entonces la Ley de baja en la edad de imputabilidad, llevándola a los 14 años, así como el endurecimiento de las penas, no son para combatir “el delito”. Los principales delincuentes del país gozan y gozaran de la misma impunidad, como puede verse con los propios funcionarios del gobierno, con los ligados al narco como Espert[1], los que vienen haciendo negocios y llenándose los bolsillos con cada ajuste, como el ministro de economía Caputo[2], y hasta el propio presidente y su hermana Karina “la coimera” Milei. La baja de la edad y otros planes represivos en verdad tienen la mira puesta en reprimir a los pibes de los barrios obreros que no van a conseguir trabajo, a los que no van a poder estudiar, a los que viven la miseria de cada día en sus casas y acumulan la impotencia de no ver salida y el odio contra un puñado de ricos que se llevan todo. Quieren tenerlos “cortitos” porque saben que son esos jóvenes los que en el mundo suelen ser vanguardia en salir a enfrentar en primera línea a los planes capitalistas.   

   Es con este plan global que todos los sectores burgueses tienen acuerdo de fondo, por eso no hay ningún sector de la oposición patronal que proponga un plan sustancialmente distinto. La crisis del peronismo en todas sus variantes responde a dos aspectos centrales relacionados con esto: su último gobierno fue tan desastroso que abrió la puerta a Milei, y las disputas internas que hoy tienen son de rosca y poder, pero sin que nadie ofrezca una alternativa. La forzada “mística” peronista ya no esperanza a nadie, y se les complica hasta montar un nuevo engaño.

  El gobierno de Milei, títere de Trump, es el intento de un avance a ritmo acelerado de los planes imperialistas, buscando borrar conquistas obreras de un plumazo y avanzando a todo ritmo en el colonialismo. Por eso antes de la reforma laboral ya venían atacando, y ahora buscarán ir por más, por ejemplo, con la reforma jubilatoria, aumentando la edad a 70 o 75, reventando las prestaciones aún más, liquidando regímenes especiales (docentes, salud, etc.), buscarán profundizar la destrucción de la salud y educación públicas, y una larga lista de medidas en carpeta.

 

Organizar la resistencia dese abajo

 

  Contra lo que nos quieren hacer creer los burócratas de toda calaña de que los responsables son los propios laburantes, porque “votaron mal” o que no tienen “ánimo de lucha”, que “las bases no responden” y un largo etcétera de falsas ideologías para desmovilizar, a pesar de los golpes recibidos y de no poder responder con contundencia por sus dirigentes, la clase obrera y los sectores populares dan sobradas muestras de que están dispuestos a defender lo suyo y encarar una lucha seria.

Sabemos que muchos compañeros, particularmente aquellos que tienen expectativas en el peronismo, sienten cierta desmoralización y hasta son ganados para la política de que “la culpa es de los que votaron mal”. Ven que sus dirigentes, con diferentes excusas y versos, no se ponen al frente de ninguna pelea seria contra los avances del gobierno de derecha, por el contrario, encabezan la desmovilización. Muchos quieren salir a la calle, ir a protestar al Congreso, pero sus referentes están muy lejos y ausentes. Nosotros queremos decirles: compañeros, el problema no está en los trabajadores y el pueblo, la falta de disposición a luchar no viene de abajo, sino de arriba, de esos dirigentes políticos y sindicales. Con ellos y sus salidas dentro del marco del capitalismo no habrá ilusión, solo desmoralización.

  Luchas como la del Garraham[3], las que enfrentan los despidos como FATE, las rebeliones populares como en Mendoza en defensa del agua y otras provincias, las bases que obligan a sus direcciones a convocar medidas que ni quieren, como sucede ahora con los trabajadores de la educación que van al paro en todo el país, etc., demuestran que por abajo nada está perdido. Y es justamente desde las bases, desde cada lugar de trabajo, desde cada barrio popular que sufre las consecuencias de los ajustes y la desinversión, desde cada escuela o facultad con los estudiantes a la vanguardia, debatiendo, con asambleas y democracia obrera, eligiendo representantes genuinos que lleven adelante la voluntad de las bases, tratando de coordinar por abajo para romper el aislamiento y las divisiones que imponen por arriba; es que podemos y debemos avanzar para organizar y hacer activa la bronca.

La batalla final no será “en el 2027” en las urnas, tampoco en la cueva de bandidos que es el Parlamento. Mucho menos en el terreno judicial, de una justicia al servicio de los ricos y sus intereses. Esta justicia y democracia de los ricos son el pantano donde quieren llevarnos, donde siempre tenemos todo para perder y nada que ganar. Nosotros debemos combatir en el terreno que siempre es más favorable a nuestra clase y con nuestros métodos: en las calles, con la huelga, piquetes, tomas de fábrica, paralización de la producción, movilizaciones masivas preparadas para enfrentar la represión, y todos los métodos tradicionales que permitieron obtener nuestras conquistas con la lucha. Por este camino no solo es posible derrotar la Reforma laboral, también es posible avanzar en la tarea de decirle ¡fuera! A Milei y su plan.

 

Será “con la cabeza de los dirigentes” traidores

 

  La pelea que tenemos por delante no será fácil, son duras batallas contra los planes imperialistas y una clase burguesa unificada en hacernos pagar la crisis, con todos los dirigentes de los partidos patronales de su lado. Pero es posible ganar, ya tenemos la experiencia de la “Ley Banelco” votada en el 2000, que avanzaba contra conquistas, y fue arrasada años después con el proceso del Argentinazo post 2001. Esta dura pelea, si queremos ganar, no puede ser encarada con la actual dirigencia política y sindical. ¡No es posible salir a jugar una final con el propio DT vendido a los rivales!

   Los dirigentes de las centrales sindicales, tanto CGT como CTA, así como todo el arco político de la Oposición patronal y especialmente el peronismo, no son quienes pueden ofrecer una salida. No será con los Daer o Baradel[4] a la cabeza, tampoco con Kiciloff[5] y Máximo Kirchner, tampoco con los que discursean con la izquierda para proponer el mismo plan capitalista con la derecha como Grabois u otras variantes peronistas que cuando gobiernan aplican los mismos ajustes, no son esas direcciones con las que podremos ganar. Ni hablar de los que hoy cogobiernan con Milei como el PRO o los radicales.

   Es necesario que, en la construcción de la resistencia por abajo, no sólo discutamos como enfrentar los embates del gobierno, sino también un plan de salida obrera a la crisis. En ese camino, discutiendo todo en asamblea, organizando encuentros y plenarios de delegados de base con mandato y coordinadoras, uniendo las luchas de trabajadores ocupados y desocupados a los sectores populares, con las mujeres y la juventud a la cabeza, es que tenemos que impulsar una nueva dirección para poder luchar y ganar.

La primera tarea que todos los luchadores tenemos hoy por delante, más allá de las diferencias, es ponernos a organizar esta resistencia. Impulsar reuniones y asambleas, crear comités de lucha, organizar la autodefensa para que marchar a los centros de poder no sea solo “visualizar” las banderas, apoyar y rodear de solidaridad las luchas en curso y romper el aislamiento. Esta es la tarea para enfrentar y derrotar este plan nefasto del imperialismo y el títere de Trump.  

 

Por una salida obrera y revolucionaria

 

   La izquierda con mayor influencia, el FITu[6] en primer lugar, los sindicatos que se proclaman combativos y los distintos agrupamientos, tienen una gran responsabilidad de impulsar este proceso. Pará eso deben romper con su adaptación al parlamentarismo e inclinación a ser la “pata izquierda contestataria” del régimen de democracia burguesa sobre el cual siembran expectativas. Esto implica que sus ubicaciones sindicales no pueden estar al servicio de “agrupar su tropa” cada uno en su propio agrupamiento para luego medir fuerza entre cada partido en la disputa de cargos. Es necesario abandonar esa estrategia, romper con todo sectarismo y mezquindad, para poner todas las fuerzas en común a organizar el proceso de resistencia como primera tarea.

Pero junto con eso, nosotros queremos discutir con los activistas y luchadores obreros y populares una solución de fondo, encaminarlo hacia lo que nosotros vemos como la única salida posible: una revolución social en las calles, que derrumbe la dominación de la clase burguesa y coloque en el poder a la clase obrera con un plan socialista de salida a la crisis del capitalismo.

   Muchos compañeros nos dirán que esta salida es muy difícil, utópica o imposible. Nosotros les decimos: efectivamente es difícil, pero las promesas de salidas fáciles ya se vieron como terminan. Nada es fácil para los trabajadores y el pueblo pobre, nunca. Pero tampoco es utópico o imposible, lo único utópico es imposible es seguir viviendo como hasta ahora, cada día peor, lo único utópico o imposible es creer que algo puede mejorar sin lucha o bajo este sistema capitalista decadente que destruye al planeta y quienes lo habitamos.

   ¡Avancemos, y organicemos la resistencia y la lucha por la única salida posible!

 

 



[1] Jose Luis Espert, ex diputado del partido de gobierno, con relaciones con Fred Machado, cuyos vínculos denunciados lo obligaron a renunciar en plena campaña cuando encabezaba las listas de La Libertad Avanza (Partido del gobierno) por Buenos Aires.

[2] Luis Caputo es el actual ministro de Economía, desempeño cargos de Secretario de Finanzas y presidente del Banco Central durante la presidencia de Macri.

[3] Importante Hospital de CABA que protagonizó importantes luchas contra los ataques de Milei.

[4] Rodolfo Daer, uno de los secretarios generales de la CGT y Roberto Baradel de la CTA.

[5] Gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires.

[6] Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad.