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¡No a las agresiones de Estados Unidos a Venezuela! ¡Ningún apoyo a la dictadura de Maduro!

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Hace pocos días, tropas de Estados Unidos atacaron y secuestraron un buque petrolero venezolano en aguas caribeñas, cerca de la isla de Granada. Esta medida se suma a una larga lista de agresiones imperialistas contra Venezuela en las últimas décadas, que tuvieron una nueva escalada hace pocos meses, con los bombardeos de Estados Unidos a supuestas “narcolanchas” en el Caribe, que ya dejaron más de 95 personas muertas. En los últimos días, Trump ha amenazado con realizar intervenciones militares directas, con invasión terrestre, “operaciones especiales” (asesinatos) o bombardeos al interior del país.

El argumento del gobierno norteamericano, liderado por Trump, para atacar a Venezuela es que Maduro sería el líder de un cartel internacional de drogas que operaría tanto a nivel internacional como al interior de Estados Unidos, información que fue desestimada incluso por los propios organismos de seguridad de ese país.
La realidad es que Estados Unidos utiliza la “guerra a las drogas” como justificación para atacar a un país que no se alinea completamente a sus intereses, de la misma manera que lo hizo cuando invadió Panamá en 1989, acusando al entonces presidente Manuel Noriega de ser narcotraficante.

Algunos analistas plantean que el objetivo de Trump es iniciar un cambio de régimen en Venezuela, comenzando con la salida de Maduro y posiblemente de otros personajes importantes del régimen. Este análisis es muy plausible, ya que desde hace décadas Estados Unidos mantiene una relación conflictiva con el régimen venezolano, en algunos momentos más dura y en otros de mayor negociación. Estados Unidos no puede aceptar regímenes que no estén completamente alineados con sus intereses, en particular en Latinoamérica, su “patio trasero”, y en un país que posee la mayor reserva de petróleo del mundo. La crisis migratoria venezolana es otro factor que impulsa al imperialismo a intentar intervenir en el país, con el objetivo de contener la huida de millones de refugiados hacia Estados Unidos.

Las agresiones imperialistas de Estados Unidos deben ser totalmente rechazadas por la clase trabajadora y la juventud de todo el mundo. El imperialismo norteamericano es el mayor enemigo de la clase trabajadora y de los pueblos. Una intervención imperialista en Venezuela significaría el primer paso para intervenir en cualquier otro país que no se someta inmediatamente a los intereses estadounidenses.

Por su parte, la clase trabajadora venezolana, que en su mayoría está harta del chavismo, no puede creer que una intervención norteamericana beneficiaría al pueblo trabajador. Por el contrario, la historia de Venezuela está marcada por gobiernos pro-estadounidenses que saquearon completamente el país. Ese saqueo fue tan profundo que dio origen a una gran rebelión popular, el Caracazo, en 1989, posteriormente canalizada por el chavismo.

Por eso, en caso de que se llegara a dar una invasión de Estados Unidos a Venezuela, será imprescindible la unidad militar con el gobierno de Maduro y todo el pueblo venezolano para expulsar a los invasores. Sin embargo, eso no puede significar ningún apoyo o alianza política con Maduro.

Ningún apoyo político al régimen de Maduro

Oponerse a la intervención imperialista en Venezuela no significa apoyar el régimen de Maduro. El chavismo, que lleva casi 30 años en el poder, ha transformado a Venezuela en una tierra arrasada. Son casi ocho millones los venezolanos refugiados por el mundo. Quienes se quedaron en el país viven, en su mayoría, en una profunda miseria.

La “izquierda” que defiende al régimen de Maduro argumenta que la crisis en Venezuela es fruto de las sanciones norteamericanas. Ese argumento, sin embargo, es totalmente falso. La crisis económica y social en Venezuela comenzó con la caída del precio del petróleo en 2013-2014. Mientras el precio del petróleo estuvo en las alturas, el chavismo, dirigido por Hugo Chávez, logró financiar una serie de programas sociales que mantuvieron a la población más pobre “pacificada” y con una calidad básica de vida. Estos programas, sin embargo, no modificaron la dependencia del país del petróleo.

Mientras ese proceso de “pacificación” de las masas se desarrollaba, el chavismo cooptó a dirigentes sociales y obreros al aparato del Estado burgués, ofreciéndoles poder, cargos y privilegios. De este modo, militares, empresarios chavistas y una nueva burocracia sindical y estatal comenzaron a gobernar el país en función de sus propios intereses, muchas veces en asociación con capitales extranjeros, incluso norteamericanos. Los casos de corrupción se multiplicaron y los dirigentes chavistas empezaron a enriquecerse, fenómeno que dio origen a la llamada “boliburguesía”. Uno de los mayores exponentes de este proceso es Diosdado Cabello (militar y actual ministro del Interior de Venezuela), considerado el número dos del poder chavista, solo por detrás de Nicolás Maduro y uno de los mayores empresarios del país.

Esta decadencia del chavismo —expresada también en el deterioro de PDVSA, la empresa petrolera estatal—, junto con la dependencia del país de las exportaciones petroleras, generó la crisis económica actual. Las sanciones imperialistas llegaron posteriormente al inicio de la crisis, debido a la incapacidad del Estado venezolano para pagar la enorme deuda que mantenía con acreedores norteamericanos. Por eso, las sanciones y confiscaciones de Estados Unidos al gobierno de Maduro no tienen nada que ver con una disputa entre capitalismo y socialismo. En realidad, se tratan de disputas interburguesas para definir quién se quedará con la renta petrolera del país.

Con la muerte de Chávez, la crisis económica y social en Venezuela se profundizó. Maduro, el nuevo dictador, junto con las Fuerzas Armadas, pasó a reprimir con mano dura las manifestaciones de descontento social. La libertad sindical, que ya era muy limitada durante el período de Chávez, pasó a ser prácticamente inexistente, ya que la burocracia chavista controla los principales sindicatos y persigue a sus opositores.

Sostenemos que el régimen venezolano es una dictadura burguesa porque Maduro gobierna apoyado en las Fuerzas Armadas y todas las instituciones democrático-burguesas están bajo su control directo, sin ninguna autonomía, incluso para los propios parámetros burgueses. Los opositores, tanto de izquierda como de derecha, son perseguidos, arrestados y/o expulsados de Venezuela, además de ser inhabilitados para disputar elecciones. Las últimas elecciones, completamente fraudulentas, fueron apenas un teatro para otorgar cierta legitimidad al gobierno de Maduro. Los discursos de Maduro en defensa del socialismo o de la “unidad de los pueblos latinoamericanos” no pasan de discursos, ya que en la práctica se trata de un gobierno burgués administrando un Estado capitalista que reprime cualquier intento de organización popular que cuestione sus intereses.

Con el aumento de los conflictos con Estados Unidos, la dictadura profundizó sus relaciones con China, contrayendo enormes préstamos. Hoy China es uno de los mayores acreedores del Estado venezolano y también su principal “socio” comercial. Esta dependencia del capitalismo chino, sin embargo, no implica una relación de cooperación. China no tiene interés en entrar en un conflicto con Estados Unidos y es muy improbable que defienda a Maduro frente a un ataque norteamericano. Su interés principal es que Venezuela pague la enorme deuda que mantiene con capitales chinos, algo que podría ocurrir incluso tras un golpe militar proimperialista contra Maduro.

Para intentar disminuir la presión sobre el régimen, Maduro ha buscado negociar con el imperialismo norteamericano. Estas negociaciones, que avanzaron durante el gobierno de Biden en Estados Unidos, volvieron a retroceder con la llegada de Trump. Durante la presidencia de Biden, incluso, la empresa petrolera Chevron volvió a explotar petróleo venezolano, relación que se mantiene hasta la actualidad.

En el momento actual, Trump busca forzar la salida de Maduro y una transición hacia un gobierno más cercano al imperialismo norteamericano, que garantice una mayor estabilidad burguesa en el país y ponga freno a la penetración de capitales chinos.

Es necesario construir una alternativa política de los trabajadores en Venezuela

Es más urgente que nunca construir un partido revolucionario de los trabajadores en Venezuela, con total independencia del chavismo. El futuro del país no debe ser decidido ni por la Casa Blanca, ni por la burguesía bolivariana, ni por la derecha proimperialista. María Corina Machado representa a una burguesía neoliberal aliada a Washington, dispuesta a restaurar un modelo privatizador y subordinado. Tanto el chavismo como la oposición de derecha son expresiones de una misma clase dominante, ligadas a distintos bloques del capital internacional.

Por ello, la verdadera alternativa pasa por la autoorganización obrera y popular. Solo la clase trabajadora puede recuperar los recursos naturales —petróleo, gas y minería— bajo control obrero, expropiar a la burguesía y reconstruir la economía sobre bases socialistas, democráticas e internacionalistas.

• ¡No a la injerencia imperialista norteamericana en Venezuela y en toda la América Latina!

• ¡Abajo la dictadura capitalista de Nicolás Maduro y la boliburguesía!

• ¡Por la nacionalización del petróleo y de todos los recursos naturales bajo control obrero!

• ¡Por una revolución obrera y popular que derribe la dictadura de Maduro! ¡Por un gobierno de los trabajadores y del pueblo pobre venezolano!

• ¡Por la unidad internacionalista de los pueblos de América Latina contra toda forma de dominación imperialista!

CIR