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Movilización internacional contra Trump y su proyecto reconolonizador. No al acuerdo Delcy Rodríguez- Trump

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El ataque militar a Venezuela, el secuestro de su presidente, los misiles en varios puntos de Caracas, la secuela de muertos y heridos que dejó, no tienen nada que ver con la lucha contra el narcotráfico, ni con el combate por la democracia, como piensan algunos trabajadores migrantes venezolanos. Si bien comprendemos y compartimos el justo odio hacia la dictadura capitalista encabezada por Maduro, no podemos dejar de señalar que, en nuestra opinión, están muy equivocados al creer en los argumentos dados para justificar la intervención militar yanqui y celebrar el accionar de Trump del sábado 3 de enero.

El objetivo estratégico de Trump es transformar a Venezuela, que tiene la mayor reserva de petróleo del mundo, en una colonia, tal como ya se hizo con Panamá después de la invasión de 1989, la que también se concretó con el argumento de la lucha contra el narcotráfico y por la democracia.

Por las características de Trump, ese objetivo recolonizador, similar al que tiene para Palestina, aparece abiertamente cuando afirma que él va a controlar el gobierno y el petróleo venezolano y decidir quién debe gobernar Venezuela.

La misma claridad tienen las declaraciones del Secretario de Estado, Marcos Rubio: «Tenemos un proceso triple en Venezuela: El primer paso es la estabilización del país. Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Los venderemos en el mercado a precios de mercado. Controlaremos cómo se distribuye ese dinero. La segunda fase será la recuperación, asegurando que Estados Unidos, Occidente y otros países tengan acceso a los mercados venezolanos. La tercera fase será la transición».

En Panamá, el secuestro de su presidente, también se realizó un 3 de enero y, debido a la fuerte resistencia que generó, recién en 1999 salió el último soldado yanqui.

En Venezuela no hubo resistencia (después veremos a que se debió eso), por lo que la presencia militar en el interior del país fue de horas. Pero eso no significa que esa amenaza desapareció, el bloqueo a los barcos petroleros   no se realiza con declaraciones sino con buques fuertemente armados.

Es incuestionable la existencia de ese ataque imperialista y del proyecto recolonizar que lo motiva. Por lo tanto, no puede haber dudas de que la tarea central de los trabajadores venezolanos, así como de los trabajadores y los pueblos de Latinoamérica y del mundo, debe ser el rechazo y enfrentamiento a Trump y su plan recolonizador. Esta tarea no es opuesta al combate al régimen dictatorial. Por el contrario, en el desarrollo del enfrentamiento antiimperialista se debe combatir al régimen chavista que cada vez se muestra más incapaz de dirigir esa batalla y acepta sumiso las imposiciones de Trump.

Como parte de ese enfrentamiento al ataque imperialista se debe rechazar el secuestro de Maduro y de Cilia Flores y exigir su retorno al país. Los crímenes de Maduro deben ser juzgados por el pueblo venezolano. Trump que financia los ataques genocidas de Netanyahu sobre Gaza, no tiene ningún derecho ni ninguna moral para juzgarlo.

Pero al tiempo que defendemos su liberación de las manos del imperialismo, debemos decir que Maduro y el régimen chavista, son el principal obstáculo para realizar la masiva movilización antiimperialista que la actual situación exige.

Una prueba de lo que decimos, es la gran cantidad de trabajadores venezolanos que, por odio a la dictadura que los reprimió y los hundió en la miseria obligándolos a la emigración económica, en diferentes partes del mundo celebran el secuestro de Maduro.

Pero quizás la principal comprobación de la existencia de ese obstáculo, de la muestra palpable de que el régimen no sirve para enfrentar al imperialismo es que, a diferencia de lo que pasó en 2002, cuando los trabajadores y el pueblo pobre salieron espontáneamente y derrotaron el golpe impulsado por los EE.UU contra Chávez, no hubo ninguna resistencia ante el secuestro de Maduro. Y eso se debe a la oposición creciente de los trabajadores venezolanos a ese régimen dictatorial.

No es la primera vez en la historia que sucede eso. En 1976, cuando se dio el golpe militar contra Isabel Perón, en Argentina, no hubo ninguna resistencia obrera y popular.  La mayoría de los trabajadores pensaban que no se podría estar peor que con el gobierno de Isabel. Por supuesto que se equivocaron, se estuvo mucho peor con la dictadura genocida y los 30 mil desaparecidos. De la misma manera que se equivocan los trabajadores venezolanos que piensan algo parecido.  Bajo el control total del imperialismo en Venezuela se vivirá mucho peor.

 

El régimen chavista.

Desde sus inicios siempre estuvimos en contra de ese régimen que tenía como objetivo, con un discurso a favor de los pobres y del socialismo, recomponer el Estado y el régimen burgués que estaban en una profunda crisis, producto de gobiernos corruptos y del gran ascenso popular contra el hambre y la corrupción que tuvo su punto más alto en el “caracazo” de 1989.

En 1992, el coronel del ejército Hugo Chávez dirige un intento de golpe contra el corrupto gobierno de Carlos Andrés Pérez, es derrotado y condenado a 20 años de prisión. Desde la cárcel gana gran popularidad entre los sectores obreros y populares, centralmente entre los más empobrecidos, por su discurso antisistema. Por presión popular es indultado en 1994 y triunfa en las elecciones presidenciales de 1998 con el 56% de los votos.

Desde el gobierno no rompe ningún lazo con el imperialismo, cumpliendo con todos los compromisos. A pesar del alto precio del petróleo no garantiza mejores salarios a los trabajadores ni resuelve el problema del desempleo y reprime con fuerza los reclamos obreros. Su popularidad la gana centralmente con medidas hacia los sectores más empobrecidos, como subsidios, colocando algunos productos a bajo precio, garantizando un mayor acceso a la educación y con el contrato con Cuba a través del cual se concreta la entrada de 10 mil médicos cubanos que fueron a regiones que antes no tenían ninguna asistencia médica.

A pesar de su discurso, Chávez no tenía nada de socialista del siglo XXI ni de ningún siglo. En su momento lo definimos como “un nacionalista burgués en tiempos de recolonización”, que ni siquiera llegó a dar las reformas de Perón en la década del 50 en Argentina.

Estableció muy buenas relaciones con el imperialismo español, pero, a pesar de siempre garantizar el petróleo a EE. UU, tenía contradicciones con el imperialismo yanqui: Criticó la ley antiterrorista de Bush, visitó a Sadam Hussein y a Gadafi, defendió la inviolabilidad del espacio aéreo para los aviones militares norteamericanos, se puso en contra del ALCA y defendía a la OPEP como como cartel regulador de los precios del petróleo. Eso hizo que gran parte de la izquierda Latinoamérica y los sectores “progres”, como el kirchnerismo de Argentina, el PT de Brasil, Frente Amplio de Uruguay, lo levantaran como el gran líder de la Segunda Independencia. Lo que era fortalecido por los ataques que recibía desde EE. UU.

Como a los yanquis no le gustaba tener, en la mayor reserva petrolera del mundo, un gobierno al que no controlaban totalmente, organizaron el golpe de 2002 y al ser éste derrotado pasaron a tomar una serie de medidas y presiones a fin de derrotarlo a nivel electoral.

Al final de su gobierno, con el cambio de la situación económica, Chávez se fue desgastando y se mantuvo en el poder a partir del fraude electoral y la represión, apoyándose en las Fuerzas Armadas que dirigen PDVSA y son un sector central de la nueva burguesía generada desde el Estado, la llamada “boliburguesía”.

Esa situación se incrementó con la muerte de Chávez y los gobiernos de Maduro que impuso una sangrienta dictadura, con fraudes electorales, persecuciones, presos y torturas a opositores de derecha y de izquierda, y llevó al país a una crisis económica, con hambre generalizado, que hizo que el trabajador medio perdiera entre 9 a 12 kilos. Obviamente que esa pérdida de kilos no se dio entre los jerarcas del gobierno ni entre los militares.

Es esa realidad la que hace que migrantes venezolanos que, en su gran mayoría no son de derecha ni defensores de Trump sino trabajadores que huyeron del hambre y la represión, celebren el secuestro de Maduro, apoyando de hecho el ataque imperialista.

Pero a pesar de lo que creen esos trabajadores a Trump no le preocupa en lo más mínimo si hay dictadura o democracia burguesa. Por eso, cuando vio que la ganadora del premio nobel de la paz, María Corina Machado, no le servía porque no tenía apoyo popular ni de las FFAA, no tuvo problema en acordar con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la continuidad del régimen chavista sin Maduro. Según algunos trascendidos este acuerdo habría provocado división y enfrentamiento dentro del chavismo.

Delcy Rodríguez, asume una pose dura, cuando destituye y apresa al jefe de la guardia de honor que protegía a Maduro, el general Javier Marcano Tábata, acusándolo de haber facilitado la entrada de los secuestradores. Puede ser que esa acusación sea cierta o que simplemente sea un “chivo expiatorio”, pero lo real es que, a pesar de esa pose de aparente defensa de la soberanía, la vicepresidenta lejos de llamar a los gobiernos y pueblos latinoamericanos a enfrentar al imperialismo llama a Trump para negociar.

Este repulsivo acuerdo del régimen chavista con Trump se confirma con la declaración de la Casa Blanca del 7-01-26: “La Administración mantiene una estrecha correspondencia con las autoridades interinas de Venezuela. Tenemos la máxima influencia en este momento y sus decisiones seguirán siendo dictadas por los Estados Unidos».

En realidad, la injerencia y el control imperialista en Venezuela, será el principal obstáculo para acabar con la dictadura e instaurar un régimen donde los trabajadores y el pueblo sean quienes decidan los destinos del país.

 

Lucha internacional contra el ataque de Trump

Han comenzado a darse movilizaciones antiimperialistas en diferentes países del mundo, todavía son pequeñas. Llama la atención que movimientos, partidos y personalidades, que defendían al chavismo, como el PT de Brasil, los sectores kirchneristas en Argentina, Petro de Colombia, y organizaciones castro-chavistas de diferentes partes del mundo, no se hayan lanzado con fuerza a impulsar esas movilizaciones.

Independientemente de la opinión que se tenga sobre el régimen venezolano, es fundamental que los revolucionarios, los trabajadores y todo aquel que se reivindique antimperialista, impulsemos con fuerza estas movilizaciones.

A nivel de los gobernantes es natural que Milei y Netanyahu hayan sido los primeros en apoyar a Trump. Hubo 6 gobiernos que se declararon en contra del ataque a Venezuela: España, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay. Pero todo queda en declaraciones. Debemos exigir, con la movilización, la ruptura de relaciones económicas y diplomáticas con EE. UU, que se expulse a todos los embajadores yanquis.

El chavismo venezolano, a pesar del evidente acuerdo de la vicepresidenta con Trump, sigue diciendo que defenderá la soberanía venezolana, enfrentado al imperialismo, nosotros no depositamos ninguna confianza en que lo hagan, y llamamos al pueblo y fundamentalmente a la clase obrera venezolala a organizarse desde abajo, para exigir e imponer:

¡Fin a toda persecución a los opositores, libertad a los presos políticos de la dictadura de Maduro!

¡Plena libertad de acción para las organizaciones obreras, políticas y estudiantiles populares!

¡Armamento de los trabajadores y barrios populares organizado por las organizaciones sindicales y sociales!

¡Asambleas permanentes en fábricas, escuelas, hospitales y barriadas!

¡Para enfrentar a fondo al imperialismo es necesario acabar con el totalitarismo chavista!

Si se logra impulsar la resistencia al interior de Venezuela, al calor de la lucha antiimperialista se podrá avanzar en la construcción de una organización revolucionaria de los trabajadores, que encabece esa lucha y comience a discutir su propio poder.

¡Por la más amplia unidad de acción internacional contra el imperialismo y el plan recolonizador de Trump!