Escriben: Araceli González y Adriana Gracia
Este primero de mayo, día internacional de lucha de la clase trabajadora, además de conmemorar a los mártires de Chicago y a las y los cientos de mártires de nuestra clase, no debemos dejar de denunciar la situación de las mujeres trabajadoras, quienes bajo el sistema capitalista, que explota a hombres y mujeres, nos colocan a nosotras además bajo diversas formas de opresión machista que reproducen hombres y mujeres y en cuyo marco somos doblemente explotadas.
La situación de las mujeres bajo el sistema capitalista no es igual para todas, pues nos divide la situación de clase a la que unas y otras pertenecemos. Las trabajadoras cargamos no sólo con las labores propias del lugar de trabajo, sino con la responsabilidad de ser madres y cuidadoras en nuestros hogares, todo al mismo tiempo y sin descanso.
En este sistema económico somos doblemente explotadas; por un lado por nuestros patrones (hombres y mujeres) que viven del trabajo que producimos en las fábricas y empresas y por el otro, por la labor invisible y no remunerada que significa asumir las responsabilidades en el hogar para con nuestros familiares.
Esta no es la situación que viven las mujeres burguesas y pequeñas burguesas acomodadas (las patronas y empresarias y sus propias hijas) quienes disponen de recursos para que otras cumplan tareas que ellas no cargan.
Esta situación de vida es muy fácil de verificar, basta con dar una mirada hacia nuestras madres, amigas y nosotras mismas, que, con diferentes dificultades, todas las mujeres trabajadoras cargamos con mucho mayor peso que la mayoría de nuestros compañeros trabajadores en las tareas domésticas y de cuidado.
No caminamos los mismos caminos y mucho menos con los mismos zapatos
En ese sentido, no podemos analizar la situación de las mujeres sin hacerlo desde una perspectiva de clases. Por ejemplo, a todas las mujeres nos atraviesa la opresión de la violencia de género, es cierto, los feminicidios perpetrados por nuestras parejas o exparejas no distinguen clases sociales, pero no todas las mujeres tenemos los medios para enfrentar incluso las situaciones de violencia en iguales condiciones, así como otras circunstancias, veamos:
Las mujeres de la clase trabajadora víctimas de violencia debemos recurrir al Ministerio de la Mujer en la búsqueda de contención psicológica que siempre es de primeros auxilios y por ende una atención precaria, apenas se cuenta con refugios o albergues transitorios limitados para nosotras y nuestros hijos, debemos tratar de empujar solas las denuncias ante el Ministerio Público o los Juzgados; las mujeres burguesas y sus familias tienen los recursos para tratamiento psicológico privado, pueden mudarse de vivienda, cuentan con la posibilidad de acceder a abogados privados para impulsar sus denuncias, y en los casos más graves hasta con seguridad privada como custodia, etc.
Las inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no tienen condiciones para contratar niñeras que cuiden a nuestros hijos, servicio de enfermería para nuestros padres, cocineros/as para nuestras familias, debemos hacerlo todo nosotras, a lo sumo se puede delegar en otras mujeres (abuelas, hermanas, tías o primas) circunstancialmente algunas tareas. Las mujeres burguesas tienen a sus empleadas para todos esos servicios que su posición de clase les permite acceder.
Todavía incluso tenemos que competir en un campo laboral muy desigual respecto al trabajo/salario con nuestros pares.
La súper explotación en las maquilas
En el sector de las maquilas la explotación llega a niveles de cuasi esclavitud. En 2025, este rubro alcanzó un récord histórico de exportación con un 18% más que el año anterior. Mientras el Estado se jacta de esto, este éxito tiene nombre y apellido: son los cuerpos de las obreras de autopartes y confecciones textiles que sostienen el engranaje con su mano de obra barata y vulnerable.
En las maquilas en general las mujeres representan el 45% frente al 55% de los hombres; los rubros con más mujeres son autopartes (34%) y confecciones y textiles (16%).
Las patronales del rubro prefieren que las empresas absorban a madres solteras, pues conociendo su situación de mayor vulnerabilidad y dependencia saben que aceptarán las condiciones de mayor explotación, acoso y otros padecimientos con tal de poder mantener sus hogares.
La situación arriba descrita es utilizada como un látigo no sólo para aumentar la tasa de explotación, sino para prevenir cualquier intento de organización. No es casualidad que no existan sindicatos en las maquilas. De la persecución se encarga la patronal y el respaldo legal se lo da el Ministerio del Trabajo haciendo la vista gorda.
Sin posibilidad de sindicalizarse no tendremos condiciones de pelear no solo por mejores condiciones laborales, sino también la de poder defendernos de los actos machistas que soportamos cotidianamente.
El género nos une, la clase nos divide
Esta frase, título del libro de Cecilia Toledo, tomado de la expresión de una luchadora feminista de Argentina, sintetiza nuestra posición ante el problema de la situación de las mujeres.
Las mujeres históricamente han luchado por la igualdad de derechos que eran reservados en su momento sólo a los hombres; mujeres burguesas y trabajadoras levantaban la misma bandera de igualdad, pero lo hacían a partir de intereses diametralmente opuestos.
Las mujeres liberales apuntaban a conquistar los mismos derechos que los hombres para acceder también a ejercer el poder económico y político que les permite explotar y lucrar con el sistema capitalista.
Las mujeres trabajadoras luchamos por la igualdad para estar a la par de nuestros compañeros, pero para llevar adelante la disputa de clase en iguales condiciones, lo que significa conquistar aún la equidad salarial, luchar porque el Estado garantice guarderías y comedores públicos, etc; todo lo cual nos permitiría tener mejores condiciones para organizarnos políticamente, ser parte no sólo de la dirección de los sindicatos, sino también de los partidos obreros revolucionarios para luchar por el derribo del Estado capitalista y la implantación de la dictadura proletaria para construir un Estado obrero y socialista.
Sin la caída del sistema capitalista es imposible erradicar las opresiones: el machismo, la homofobia, la xenofobia, entre otras, pues el sistema las utiliza para dividirnos. Por ello, nuestra pelea no se agota en la lógica identitaria dentro del sistema socioeconómico actual, sino que se proyecta hacia una revolución socialista para erradicar todo tipo de opresión.
A diferencia de las feministas que buscan sólo reformas dentro del sistema, nosotras planteamos una salida revolucionaria con las mujeres y hombres de la clase obrera a la cabeza. Esto no quiere decir que creamos que la revolución socialista de manera automática haga desaparecer las opresiones. Eso dependerá de la política de la dirección del nuevo Estado obrero. Pero sí creemos que la revolución socialista es condición necesaria e indispensable, porque atacará las condiciones materiales y las relaciones sociales que tienen como base la explotación, en las que crece la opresión. El poder obrero, con democracia obrera, creará las condiciones objetivas para la emancipación de todas las lacras heredadas del capitalismo.
Necesitamos con urgencia construir una organización política que esté al servicio de nuestra emancipación y pelee por un gobierno de la clase obrera que dé respuestas concretas a las mujeres trabajadoras, ahora, bajo el capitalismo, como después de la victoria de la revolución. Nuestra tarea hoy es construir con Insurgencia e invitarte a sumarte para que esta herramienta canalice nuestras luchas hacia ese norte estratégico.
¡Exigimos guarderías, comedores y lavanderías públicas ya!
¡A igual trabajo, igual salario!
¡Basta de acoso y machismo!
¡Que la crisis la paguen los patrones!
¡Por la organización de las mujeres trabajadoras para luchar con nuestros compañeros por un gobierno obrero, revolucionario y socialista!
