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Trump arrinconado: Irán puede ganar

Por: Nacho – GOI- Argentina

Al momento de publicar esta nota, en medio de un frágil “cese al fuego” (recientemente extendido por Trump) Irán controla el paso por el estrecho de Ormuz. Ha abordado una serie de cargueros y permitido el paso a otra treintena que acordaron pagar tal y como exige el régimen. Además, conserva buena parte de su capacidad misilística y de drones, su uranio enriquecido y aunque con importantes pérdidas, mantiene al régimen islamista en el poder. Un duro golpe de realidad para Trump y Netanyahu que luego de 50 días de ataques ininterrumpidos no han logrado un sólo objetivo de los anunciados. Aun así, la guerra está lejos de terminar.
A esta altura hay una serie de factores que explican el motivo por el cuál Estados Unidos junto a su enclave militar en medio oriente, Israel, atacó furiosamente a Irán. Existe una combinación de crisis políticas internas: el malestar popular por la economía, escándalos como los de Epstein, aumento del rechazo popular al apoyo a Israel que pasó del 40 al 60% desde 2022 hasta la fecha, con un considerable crecimiento en las últimas semanas y las elecciones que se muestran complicadas para Trump, por un lado. La crisis interna en Israel por el genocidio en Gaza y los manejos de Netanyahu que le ha costado causas judiciales y pedido de captura internacional, por otro.
Sin dudas la política de Trump viene demarcándose por un conjunto de acciones políticas, económicas y militares en todo el globo. La “guerra de tarifas” que incluso afecta a sus aliados tradicionales en Europa junto al traspaso de costos por la guerra de Ucrania, las bravuconadas por Groenlandia y como un hecho sin precedentes en los últimos años el secuestro y captura de Nicolás Maduro en Venezuela que hasta el momento aparece como una importante victoria de Trump. En este caso además ha logrado que el régimen venezolano se arrodille a sus pies y entregue los recursos y la soberanía del país. Todas estas acciones son orientadas a intentar transferir los costos de la brutal crisis económica mundial que sufre el capitalismo y recuperar terreno político como imperialismo dominante.
Como un matón, o bully, que oprime a los demás para ponerse por encima, Trump reflotó la “Doctrina Monroe” de dominio total en Latinoamérica apoyándose en gobiernos abiertamente entreguistas (como en Argentina, Chile, Paraguay, Salvador y Ecuador entre otros) y otros que dicen oponérsele (como Colombia, México o Brasil) pero poco hacen para enfrentarlo. Estados Unidos busca recuperar la “placa” de sheriff global que supo usar en otro momento. Probablemente la ejecución de la operación militar “Furia Épica” contra Irán apareció en las fantasías de Trump como una continuidad de estas acciones. Como una “oportunidad” de asestar un golpe decisivo y rápido para hacerse con un nuevo trofeo. Pero la realidad al parecer tiene otros planes y está mostrándole al mundo que el “Rey” está desnudo.

Fuerza bruta vs resistencia popular

Unos 12.500 objetivos bombardeados (entre defensas aéreas, bases navales y militares, fábricas y armamento), la destrucción de la fuerza naval iraní (158 barcos y bases) y el asesinato del Ayatolá y una buena parte de la cúpula militar histórica del régimen. Este es el informe oficial del Secretario de Guerra Peter Hegseth sobre la campaña contra Irán.
El coste económico y militar para Estados Unidos es impactante teniendo en cuenta la abrumadora superioridad tecnológica y militar: 95.000 millones de dólares según cifras conservadoras. La pérdida de más de una decena de drones de última tecnología, radares de largo alcance, daños y destrucción en 17 de sus bases regionales, el derribo de al menos 3 F15 y 1 A10, la destrucción de aviones estratégicos AWACS (radar y control) y de reabastecimiento, helicópteros y el llamativo daño de uno de su portaaviones más importante, atribuido a un “incendio en la lavandería”. Y eso es sólo lo informado en medios internacionales.
Aun así, son pérdidas que por el momento no ponen en jaque su capacidad de ataque. Lo que sí podría cambiar en caso de que luego de este impasse Trump decidiera una invasión terrestre. Al momento las pérdidas yanquis son de 13 muertos y 400 heridos, cifras que podrían dispararse a cientos o miles en caso de meter al ejército en territorio iraní, lo que podría costarle la presidencia y la estabilidad interna en el propio Estados Unidos. Los primeros signos de esto se han expresado en plena guerra con la renuncia forzada del Jefe del Estado Mayor del Ejército norteamericano, Randy George y del Secretario de la Marina, John Phelan, junto con varios generales de alto rango, aparentes signos de crisis en el alto mando sobre el uso de armas nucleares. Una medida que evidencia desesperación.
Por otro lado, el aspecto oculto de la campaña es una política del terror similar a la utilizada en Palestina y Líbano. El imperialismo atacó objetivos civiles de manera indiscriminada para aumentar la crisis en la población. Según el New York Times, Trump y Netanyahu bombardearon “al menos” 763 escuelas y 316 instalaciones de atención médica, siendo la masacre de 168 niñas y adultos en Minab (Hormozgan, Irán) el hecho más brutal registrado y que ha sido admitido oficialmente. Además de atacar infraestructura civil como plantas energéticas, desalinizadoras y amenazar con “terminar con una civilización”.
Lo que no logra responder Trump es cuáles de sus objetivos, que fue poniendo y cambiando durante la guerra, han sido alcanzados. La realidad muestra que ninguno. Tal y como admite públicamente la propia prensa burguesa, esto ya en sí mismo configura una derrota del imperialismo que puede ser coronada si Trump es obligado, por ejemplo, a retirarse de la región sin ningún trofeo. Escenario que tratará de evitar a toda costa, probablemente iniciando un nuevo round para tratar de equilibrar la balanza.

El pueblo iraní resiste a sangre y fuego

Que Trump esté sufriendo un importante revés no implica en absoluto que los durísimos golpes recibidos por Irán no hayan tenido efecto. El desgaste y la pérdida de personas y equipos es enorme. La reconstrucción de las universidades, refinerías, bases militares y complejos institucionales destruidos llevará años. La pregunta es porqué a pesar de haber recibido ataques que hubiera puesto de rodillas a casi cualquier otra nación, Irán no se rinde.
Si bien el régimen lleva adelante una guerra asimétrica buscando desgastar a Estados Unidos para que se retire mal herido, la respuesta a la pregunta no puede darse únicamente pensando en el aparato militar o de gobierno, menos aún luego de las revueltas insurreccionales de inicio de año. Además, el régimen se ha demostrado incapaz de proteger a sus más importantes figuras. No solo al Ayatolá sino principalmente a sus altos mandos y cuadros de mayor experiencia tanto en Irán como en el Líbano y Gaza. Incluso, debido a la crisis interna del propio régimen por lo antes expuesto y aunque no es lo más probable, no se puede descartar que en algún punto suceda algún tipo de capitulación con el afán de salvar a la nueva cúpula o sus intereses.
Entonces ¿Por qué ha fracasado el plan de Trump y Netanyahu de tumbar al régimen mediante ataques que abrieran el paso a una movilización antigubernamental? ¿Por qué los ataques a civiles e infraestructura no dispararon la inestabilidad y la guerra civil? El secreto de Irán no aparece en titulares ni grandes noticias, porque es, en efecto un gran problema para el imperialismo y un mal ejemplo para la región y el mundo.
La clave de la resistencia está en el pueblo trabajador iraní. El mismo que dio la vida en las calles luchando por mejores condiciones de vida y fue duramente reprimido por el régimen es el que se unió como una roca ante el ataque salvaje del imperialismo norteamericano. Entendió que su supervivencia como nación (y cultura) dependía de enfrentar no sólo en redes sociales y discursos, sino con las armas, la agresión de la mayor potencia del mundo. El «Golpe de gracia» para tumbar a la nación persa terminó siendo el catalizador que unificó al pueblo iraní contra las bombas occidentales. Una muestra de poder inigualable de un pueblo que supo tumbar al reinado de los Sha, enfrentar al régimen de los ayatolás con su vida y al propio imperialismo. Es también una carta para el propio régimen: ni bien finalice la agresión el pueblo retomará tarde o temprano su lucha por un Irán que garantice sus condiciones de vida.

Trump y Netanyahu buscan un segundo round

Como una bestia herida en el orgullo, impotente tras haber atacado con todo su arsenal (salvo el nuclear) y no haber obtenido sus objetivos… el imperialismo prepara un nuevo round contra Irán. Las pruebas se empiezan a acumular: el sabotaje a las conversaciones de paz en Islamabad, Pakistán, tras una llamada de Netanyahu, y el actual “bloqueo al bloqueo” de Trump, que incluye ataques a barcos de carga civiles, son sólo algunas. Estados Unidos está acumulando nuevamente material bélico en la región tal como lo muestran sucesivos vuelos con armamento hacia medio oriente y el movimiento del portaaviones USS George H.W. Bush a la región. Es posible que el impasse de “conversaciones de paz” o “extensión de la tregua” sea en realidad una táctica para ganar tiempo y reacomodarse.
Trump ha fracasado en arrastrar a la coalición de la OTAN para apoyarlo. Tras las negativas de Francia y Reino Unido, Italia y España han tomado posturas de duras críticas a Israel y los ataques a Irán. La crisis interna europea y la propia guerra de Rusia en Ucrania no ayudan a que la OTAN salga en su apoyo como ha sido en otros momentos. Ciertamente la “guerra” de tarifas de Trump, las permanentes faltas de respeto y amenazas, tampoco.
Por su parte el propio régimen iraní se reusó a participar de nuevas charlas de paz acusando a Estados Unidos de usarlas como distracción. Ya se declararon en alerta las tropas de Ansarallah (Houties en Yemen) que podrían cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, hay registro de media centena de lanchas rápidas operando en el estrecho de Ormuz y obras detectadas por satélite para desenterrar accesos a las “ciudades de misiles”, lo cual le permitiría recuperar a Irán capacidad de fuego para una nueva contienda.
A diferencia de Estados Unidos, Irán no cuenta con aliados declarados. Mal que les pese a quienes buscan ver un mundo de “campos” de enfrentamiento entre grandes potencias, como si se tratase de una reedición de una hollywoodense guerra fría, ni China ni Rusia han entrado en la guerra. Claro que como buenos estados capitalistas actúan especulativamente y tratan de aprovechar su ubicación (estando fuera de la OTAN y de pactos militares con Estados Unidos) para hacer negocios y beneficiarse. Así como Irán le vendió cientos de drones Shahed a Rusia para atacar a Ucrania, ahora Putin (que viene perdiendo terreno en medio oriente luego de la caída del dictador Al Assad en Siria) seguramente trabaja para venderle armas o sistemas a Irán. En cuanto a China también se ha hecho público la compra de un satélite de su fabricación por parte de Irán, con el cual han apuntado a objetivos en tiempo real. A cambio Irán ha incrementado la venta de petróleo y derivados a China antes y durante la guerra. Algo similar a lo que hizo Rusia durante las sanciones por la invasión a Ucrania. En definitiva, la realidad muestra que las relaciones entre estos estados están ordenadas por los negocios y las oportunidades, no por alianzas o bloques militares estratégicos y mucho menos ideológicos.

Trump puede perder

Una nueva acción de guerra por parte de Estados Unidos e Israel tendrá el objetivo de recuperar el terreno perdido hasta ahora y “terminar el trabajo”. Esto abre una oportunidad histórica de que en su afán por “salvar las ropa” el imperialismo que ya está herido gravemente, sea derrotado. Esto abriría un momento particular para los trabajadores del mundo y sus luchas al quedar en evidencia que el “todo poderoso” Estados Unidos, puede efectivamente perder. Tendría un impacto inmediato en una cantidad de gobiernos dependientes de Estados Unidos y que actúan como agentes contra su propio pueblo. Sin duda sería fatal para Netanyahu en Israel y un duro golpe para quienes han optado por el seguidismo a Trump y su afán por aumentar la colonización de las naciones. En definitiva, sería un triunfo de la clase trabajadora contra el imperialismo y sus gobiernos ajustadores. ¿Pero qué condiciones deberían darse para que la derrota de Trump se concrete finalmente?
Estados Unidos ha sufrido distintas derrotas históricas como en Vietnam, Irak o Afghanistán. Han sido procesos distintos y en contextos diferentes, pero aun así hay elementos centrales que se han tenido que combinar. Por un lado, una feroz resistencia popular y armada por parte de los pueblos de las naciones atacadas. Por otro un desgaste provocado por la presión del propio pueblo norteamericano contra la guerra y de los pueblos del mundo por la derrota de Estados Unidos. Por eso, si es posible dar un golpe mortal a Estados Unidos, pero éste no vendrá de Rusia o China sino de los trabajadores del mundo.
Para ayudar a derrotar a Trump y Netanyahu es necesario una fuerte campaña contra el ataque a Irán, en Estados Unidos e Israel, con movilizaciones, sabotajes, paros y acciones. Hay un importante punto de partida que son las masivas movilizaciones contra Trump del “No Kings Day” y los procesos de resistencia incluso más avanzados, que enfrentan a la represión armada, contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) y sus deportaciones. Esto debe replicarse en todo país que brinde apoyo a la guerra imperialista ya sea con materiales o tropas.
Por otro lado, es necesario que a nivel internacional se organice una campaña por la derrota de Estados Unidos y de solidaridad con la resistencia iraní a los ataques. Un gran punto de partida es el movimiento contra el genocidio en palestina y contra Israel. Pero debe ampliarse al Líbano e Irán y abandonar su aspecto pacifista. Para derrotar al imperialismo hace falta tomar acciones que debiliten su campaña militar. No se trata sólo de sentar posición sino de poner en pie un proceso concreto de apoyo a la guerra contra el imperialismo. Es posible impulsar movilizaciones, bloquear puertos, afectar cadenas de suministros y lanzar paros en lugares estratégicos. Es posible retomar las banderas que miles levantaron ante la invasión a Irak en los 2000, bajo el “yanquis GO HOME” contra George W. Bush. Por su parte las centrales obreras deben organizar apoyo efectivo y material a la resistencia, más aún si se inicia una invasión terrestre. Esto implica armamento, brigadas y apoyo concreto. Esto ya está sucediendo en Irak y Bahrein además de Yemen, Líbano y Siria. Pero hasta el momento es el régimen islamista quien controla estos procesos.
Es preciso como revolucionarios y socialistas ubicarse en el terreno militar contra el imperialismo con absoluta independencia política de la dictadura iraní. Por eso el camino es el de la acción antiimperialista planteando una salida independiente y de los trabajadores. Hay que disparar contra Estados Unidos e Israel y al mismo tiempo construir una alternativa obrera y popular independiente al régimen, para luego ajustar cuentas con el mismo. Para esto reiteramos la necesidad de luchar por ampliar todos los derechos sociales, sindicales y de organización en Irán y el urgente el armamento de toda la población.
Por supuesto para allanar el camino a una salida independiente y de los trabajadores es preciso la formación y el crecimiento de grupos y partidos que levanten las banderas revolucionarias de la clase obrera y el socialismo en Irán y todo el mundo. Desde nuestro humilde lugar como agrupamiento internacional estamos al servicio de esa tarea.

¡Por el triunfo de Irán!
¡Por la derrota del imperialismo!