por Nacho GOI- Argentina
La realidad internacional está hoy cruzada por una nueva guerra imperialista de gran envergadura. Estados Unidos e Israel se han unido en una brutal agresión militar contra Irán. Al momento de escribir esta nota continúan los combates en toda la región.
Estados Unidos ha destruído la fuerza naval y gran parte de la infraestructura militar y de defensa de la república islámica. También ha atacado blancos civiles como una escuela donde asesinó a 165 niñas, hospitales y barrios de Teherán provocando un total de 1600 muertes hasta el momento. Esto no ha sido a un bajo costo: las reservas de “interceptores defensivos” que derriban los misiles de Irán están en pisos históricos, han admitido al menos 7 soldados muertos, sufrieron el derribo de varios F15E y drones de última generación y ya han tenido que evacuar sus tropas de Arabia Saudita por no poder protegerlas de manera efectiva. Ahora Trump presiona para que Alemania, Francia e Inglaterra se sumen a la ofensiva y ante el riesgo de “empantanamiento” en una guerra larga ya se habla de poner las “botas en la tierra” con tropas norteamericanas y Kurdas.
Por su parte Irán ha atacado Tel Aviv con dureza y una decena de puntos norteamericanos en la región incluídas sus bases militares. Ha destruído radares avanzados del tipo THAAD y bloqueado el estrecho de Hormuz, una arteria vital del comercio internacional. Por otra parte revueltas populares han tomado o destruído varias embajadas norteamericanas en Irak, Bahrein y Pakistán. Dentro de Irán empiezan a darse manifestaciones de apoyo al régimen siguiendo la elección del nuevo Ayatollá, el hijo de Alí Khamenei. Para sorpresa de varios analistas (incluídos los del Pentágono), y a pesar de enormes pérdidas, Irán ha respondido con dureza y continúa haciéndolo casi diez dias después de iniciada la guerra.
La novedad es que empiezan los ataques mutuos a infraestructura energética, como la refinería de Ras Tanura (Saudi Aramco) en Arabia Saudita, la refinería Al Maameer (BAPCO Energies) en Bahrein y los depósitos de combustible de la guardia revolucionaria en Teherán (además de varios cargeros). Esto ha impulsado la disparada del precio del barril de petróleo Brent por encima de los U$D 120, precio récord.
Desde el CIR emitimos una primer respuesta ante los ataques con nuestro posicionamiento. Queremos desarrollar ahora los aspectos centrales no sólo de la situación actual sino especialmente sobre la posición programática de los revolucionarios ante estos hechos.
Trump no está sólo
El escenario internacional sufre una crisis económica que muchos analistas conectan con la crisis del 2008. Alimentada por la guerra de Ucrania, el genocidio en Gaza, la inestabilidad política y social en Latinoamérica y la actual guerra en medio oriente. Incluso luego de la pandemia los indicadores no se han recuperado a sus números históricos de manera sostenida. Organismos como el Banco Mundial advierten que la desaceleración del comercio mundial, en parte asociada a políticas proteccionistas y tensiones económicas, está presionando la economía global con especial impacto en las economías dependientes o en desarrollo.
La situación económica y política en Estados Unidos también está lejos de ser estable. La economía tuvo un importante debilitamiento del consumo y de la actividad productiva, marcando uno de los peores ritmos de expansión desde la pandemia (según informes del Departamento de Comercio). La inflación cerró 2025 en alrededor del 2,7 %, por encima del objetivo de la Reserva Federal del 2%. Por otra parte, proyecciones del Fondo Monetario Internacional señalan que el déficit fiscal y de cuenta corriente estadounidense es “demasiado grande” y que la deuda pública podría subir hasta 140 % del PIB en los próximos años. Esto sumado a la crisis laboral y productiva desatada con la ofensiva del “U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE)” que ha detenido y desplazado fuera del mercado laboral a miles de trabajadores migrantes. Así, se configura un escenario económico frágil en Estados Unidos.
En ese marco, la figura de Donald Trump vuelve a concentrar adhesiones intensas y rechazos masivos, reconfigurando el mapa político norteamericano. En su segundo mandato, inaugurado bajo el discurso de traer “la paz”, Trump ya apoyó el genocidio en Gaza, la guerra de los 12 dias contra Irán, la continuidad de la guerra en Ucrania y la agresión y rapto de su presidente a Venezuela. Internamente el crecimiento de las movilizaciones en su contra alcanzó un punto álgido en el llamado “No Kings Day”. Tanto es así que se considera la movilización más grande contra un presidente de la historia norteamericana, superando incluso las realizadas contra la guerra de Vietnam. A esto se suman las protestas contra el accionar del ICE, cuestionado por sus políticas migratorias y métodos represivos de control que ya ha dejado muertos. El último golpe a su popularidad es la liberación de los archivos Epstein (sospechada de ser una operación del Mossad para extorsionar líderes) en los cuales Donald Trump se ve envuelto en abuso, secuestro y tortura de menores. Trump es nombrado más de 4.500 veces en los archivos que aún no han sido publicados en su totalidad.
A pesar de todo esto la situación está lejos de ser la de un “presidente loco” que “arrastra” a los demás a la guerra. Todos lo dejan actuar. Desde quienes le dan su apoyo firme como los republicanos y el lobby militarista, hasta quienes lo critican duramente pero no realizan acciones para detenerlo como el partido demócrata. Hasta la corte suprema que de tanto en cuanto le genera algún problema lo está dejando actuar con impunidad y sin consecuencias. Lo cierto es que de fondo unos y otros coinciden en que Estados Unidos debe ser la primer potencia mundial y debe lograrlo a cualquier costo.
El imperialismo: ¿Una bestia herida?
Trump y los sectores que lo respaldan intentan reposicionar a Washington en el plano internacional bajo una suerte de doctrina “Monroe 2.0”: usar Latinoamérica de patio trasero bajo su mando, aumentar la presión económica sobre Europa y presionar con Groenlandia, avanzar en la disputa comercial con China, y dar demostraciones de fuerza adueñándose de recursos en escenarios como la actual agresión a Irán. De esta forma, política y económica, busca reubicarse como el líder indiscutido del mundo. Trump actúa mas que como un “negociador”, como un verdadero “bully” (matón) encabezando un avance recolonizador imperialista riesgoso alimentado por la crisis. La ofensiva actual no puede entenderse sólo como una respuesta al frente interno en crisis, sino como también parte de una estrategia de posicionamiento global. Una política recolonizadora que busca someter fuertemente a las naciones a su voluntad y garantizar la extracción de recursos de manera acelerada. En parte la ofensiva contra Venezuela, poseedor de una de las reservas de petróleo mas grandes del mundo, y el rapto de Nicolás Maduro se explican de esta forma.
La actual guerra de Irán si bien está motivada por este mismo objetivo dual: político-económico (Irán es el tercer poseedor de reservas mas grande del mundo y octavo productor), ya escala a un conflicto regional grave y amenaza con convertirse en un nuevo pantano para Estados Unidos, generando muerte y mas crisis económica para la región y el mundo.
Israel como alfil norteamericano
Por su parte Israel que siempre ha actuado como un Alfil imperialista en medio oriente, sufre también una profunda crisis interna y externa. Netanyaju es considerado un genocida en gran parte del mundo e incluso organismos internacionales tienen pedido de captura sobre su cabeza. Internamente está investigado y tiene varias condenas pendientes. La propia sociedad israelí, condicionada por ser esencialmente un enclave militar, tiene fracturas y divisiones que cuestionan el genocidio en Gaza y Cisjordania. Este punto es el que más ha lastimado a la propaganda sionista.
Por primera vez la causa palestina abandona los círculos progresistas o de derechos humanos y se convierte en una causa masiva: universidades y colegios tomados en Estados Unidos, movilizaciones de miles en Europa y América, flotas civiles que buscaron romper el bloqueo y protestas globales. Sólo el sostén norteamericano y de lazos económicos con las potencias le ha garantizado a Israel continuar con su agenda militarista que tiene el récord de haber invadido y bombardeado a la mitad de sus vecinos de la región incluídos Irán, Yemen, Líbano, Siria y obviamente Palestina. Mientras se desarrolla la actual guerra contra Irán, Israel ha aprovechado para lanzar una invasión contra el sur del Líbano que ya se ha cobrado 500 vidas y provocado casi 1 millón de desplazados.
Netanyaju y Trump han encontrado en la guerra contra Irán la “oportunidad” de reafirmarse como gendarmes de medio oriente intentando borrar de un plumazo la oposición regional que hasta cierto punto con muchas contradicciones representa Irán y sus medios de presión militar como Hezbollah, Hamas y los Houtíes.
Irán la revolución bajo fuego cruzado
La nación persa es dirigida por el régimen de los Ayatolás desde 1979 cuando asumió el poder tras la revolución islámica. Es un régimen totalitario y teocrático. No existe libertad política o sindical de organización. No hay elecciones democráticas y toda manifestación es reprimida con violencia. Una de sus primeras resoluciones tras su ascenso al poder fue reimplementar el “Hijab” de manera forzada y obligatoria a todas las mujeres. Ya en 2022 masivas movilizaciones de mujeres desafiaron la represión y la “policía de la moral” del régimen y fueron brutalmente reprimidas.
A inicios de este mismo año (2026) un proceso revolucionario volvió a alzarse en el país. Miles salieron a las calles con demandas económicas básicas. La devaluación de la moneda (Rial) llegó a un 84% en un año y combinado con las sanciones y la caída de la exportación de petróleo (que pasó de 2 millones a 300mil barriles en tan sólo 8 años) generaron una situación económica insoportable para los trabajadores y el pueblo. El régimen inicialmente reconoció las demandas, pero al avanzar la lucha popular inició una represión sin precedentes. Miles fueron asesinados a quemarropa en las marchas. Los rebeldes devolvieron el favor liquidando alrededor de 600 policías y militares. El pueblo iraní demostró que está dispuesto a dar la vida por mejores condiciones de vida.
Como no podía ser de otra manera Estados Unidos e Israel montaron una campaña para intentar adueñarse de las movilizaciones. Primero sacaron a desfilar por los medios a Reza Pahlavi (el hijo del Sha de Irán depuesto en 1979) prometiendo apoyo a las manifestaciones. Para sorpresa de nadie, este personaje fue filmado infinidad de veces en Estados Unidos e Israel prometiendo el petróleo iraní a las potencias extranjeras. La campaña no se detuvo ahí. Trump y Netanyaju en video han prometido apoyo a las movilizaciones e incluso en plena guerra han invitado al pueblo iraní a tumbar al régimen. Son intentos desesperados por imponer un nuevo régimen que les garantice los recursos políticos y económicos. Ni a Trump ni a Netanyaju le interesan las demandas de la revolución. No buscan garantizar la democracia, los derechos, los salarios ni las condiciones de vida que la población exige. Incluso un cambio de régimen es para ellos algo instrumental al servicio del saqueo y la dependencia. Puede darse con un régimen nuevo o doblegando al régimen actual para que, según Trump, sea “amigo” de EEUU e Israel.
No hay mejor ejemplo reciente que Venezuela donde luego de mucho ladrar por el pueblo venezolano Trump terminó asociándose al régimen chavista con Delcy Rodriguez a la cabeza para seguir saqueando al pueblo. En el momento que aparece el petróleo se termina la chantada de la “democracia y la libertad”. Una historia conocida para Washington que tiene en su haber innumerables agresiones imperialistas por recursos como en Irak o Afghanistán.
La “confusión” de las izquierdas
Lamentablemente y para sorpresa de pocos quienes hablan en nombre del “socialismo” y el “comunismo” abonan a la confusión con sus propios intereses. Por un lado el espacio históricamente ocupado por los Partidos Comunistas y hoy lleno de variantes “progres” o abiertamente reformistas, llaman a capitular abiertamente al régimen dictatorial iraní en nombre de un supuesto antiimperialismo y de “respetar las costumbres”. Como si asesinar opositores, prohibir derechos a la mitad de la población y perpetuarse en el poder a costa del hambre del pueblo fuesen patrimonios culturales. De esta misma forma defienden la invasión rusa a Ucrania, al regimen de Maduro (actual socio de Trump) y así también defendieron a Assad en Siria luego incluso de que masacrara civiles durante años y a la vista de todos.
Por otro lado están los supuestos “puristas” que con el afán de no mancharse con el barro de la realidad defienden posiciones “ni-ni” ni con Estados Unidos ni con el régimen sin poner a prueba su política en la arena de lo real. No alcanza con denunciar cuando vuelan las balas y los misiles. La política revolucionaria ha sido siempre compleja como lo evidencian las distintas políticas que han tenido que adoptar los maestros de la revolución como Lenin y Trosky en plena Rusia. La unidad militar con Kerensky, la paz de Brest Litovsk y la Nueva Política Económica (NEP) son sólo algunos ejemplos de cómo con un programa revolucionario no se trata de repetir dogmas sino de ser materialistas al servicio del desarrollo y la supervivencia de la revolución. En Irán hoy, salvando las distancias se da este mismo dilema.
Es evidente entonces que las demandas revolucionarias no serán cumplidas ni por el régimen represor ni mucho menos por los cantos de sirena del imperialismo cuya primer acción ha sido bombardear de forma indiscriminada el país. Sólo el pueblo puede salvar al pueblo. El único camino para sacarse de encima a quienes por décadas han vivido a costa del saqueo y la represión para saciar sus intereses y evitar caer en la trampa imperialista que promete mas muerte y saqueo es construír una salida verdaderamente popular en Irán. Hoy la guerra imperialista impone una agenda ineludible. Es preciso derrotar la agresión imperialista que busca colonizar y saquear para, por esa vía desarrollar la lucha revolucionaria que termine con el régimen opresor de los Ayatolás y de paso a un gobierno de los trabajadores y el pueblo.
Nuestra posición: unidad militar antiimperialista con independencia política
Las comparaciones para los marxistas son siempre parciales y deben tener en cuenta el contexto y las contradicciones de cada caso. Aún así y con esas advertencias, la historia ha dado innumerables lecciones de situaciones complejas en las cuales un poder imperial reaccionario ha atacado a una nación oprimida dirigida por dictadores o regímenes represores. En la raíz de la política revolucionaria ante estas situaciones se encuentra la lectura de las dinámicas de revolución y contrarrevolución a nivel internacional.
Un triunfo del imperialismo debilita no sólo a la clase obrera y el pueblo del país agredido sino a nivel mundial, fortaleciendo la dominación, explotación y agresión militar imperialista. Por el contrario una derrota imperialista abre las puertas al oxígeno que alimenta el fuego de las revoluciones y rebeliones contra el imperialismo y sus gobiernos lacayos en todo el mundo. El camino a la revolución es indisoluble de la lucha antiimperialista.
Podríamos iniciar mencionando el ejemplo clásico de la propia revolución rusa donde se acuñó la famosa frase “Apoyar el fusil sobre el hombro de Kerensky contra Kornilov, sin darle ningún apoyo a su gobierno”. Esta frase representa la política bolchevique liderada por Trosky en 1917 cuando Lavr Kornilov, recientemente destituído como comandante en jefe impulsa un golpe reaccionario arrojando el ejército contra el gobierno de Kerensky.
Poco tiempo atrás Kornilov representaba una de las alas contrarrevolucionarias del gobierno provisional quien llegó al poder a caballo de la revolución rusa de Febrero contra los Zares. Para el momento del golpe, fines de agosto, el gobierno ya había prohibido las manifestaciones, proscrito al partido bolchevique y reprimido todo intento de avanzar en el curso revolucionario buscando eliminar los organismos de doble poder en Rusia. Aún así, el golpe pretendía ir mas allá con el fin de sepultar el proceso revolucionario.
Ante esta situación Lenin y Trosky desarrollan una táctica que hoy vuelve a cobrar vigencia. Oponerse militarmente (con las armas) al golpe reaccionario haciendo unidad de acción militar con el gobierno de Kerensky aunque sin darle ningún apoyo político. Incluso llevando esta política al extremo Trosky llegó a responder que no era momento de derrocar a Kerensky hasta no haber antes derrotado a Kornilov. Una de las políticas centrales del partido bolchevique para impulsar esta unidad militar con los mencheviques y socialrevolucionarios fué la entrega de armamento a los obreros para enfrentar a Kornilov. Derrotado el golpe en pocos dias, los obreros en armas y la política bolchevique salieron fortalecidos ante el gobierno de Kerensky que terminó cayendo en octubre.
Trosky volvió a desarrollar esta política ante los ataques del Japón imperial a China en 1937. En ese momento en China, un país esencialmente campesino y muy atrasado en comparación a Japón, que se imponía como un gran imperio asiático, gobernaba la dictadura sanguinaria de Chiang kai-shek. Desde 1927 China estaba envuelta en un profundo proceso de guerra civil que para el 36 tenía dividido al país entre las fuerzas de chiagn kai-sheck y las del partido comunista. De hecho en 1936 termina la “Gran Marcha” de los ejércitos comunistas. La invasión de 1937 obligó a los nacionalistas del Kuomintang a unir fuerzas con el partido comunista para enfrentaar al imperio japonés. Ante estos hechos Trosky le escribía a su amigo Diego Rivera:
“Lejano Oriente nos proporciona un ejemplo clásico. China es un país semicolonial al que Japón está transformando, ante nuestros propios ojos, en país colonial. La lucha de Japón es imperialista y reaccionaria. La lucha de China es emancipadora y progresiva. Pero, ¿y Chiang Kai-shek? No tenemos que hacernos ilusiones con Chiang Kaishek, su partido y toda la clase dominante china así como Marx y Engels no se las hicieron con las clases dominantes de Irlanda y Polonia. Chiang Kaishek es el verdugo de los obreros y campesinos chinos. Pero hoy se ve obligado, contra su voluntad, a luchar contra Japón por lo que resta de la independencia china. Puede que mañana vuelva a traicionar. Es posible. Es probable. Hasta es inevitable. Pero hoy está luchando. Sólo los cobardes, imbéciles totales o canallas, pueden negarse a participar en esa lucha“
(…)
“¿Pero puede Chiang Kai-shek garantizar la victoria? No lo creo. Sin embargo, él inició la guerra y él la dirige hoy. Para reemplazarlo es necesario ganar una influencia decisiva en el proletariado y el ejército, y para ello es menester no quedar suspendido en el aire, sino meterse en la lucha. Debemos ganar prestigio e influencia en la lucha militar contra la invasión extranjera y en la lucha política contra las debilidades, las deficiencias y la traición internas. En cierto momento, que no podemos fijar a priori, esta oposición política puede y debe transformarse en conflicto armado, puesto que la guerra civil, como cualquier otra guerra, no es más que la continuación de la lucha política. Es necesario, empero, saber cuándo y cómo transformar la oposición política en insurrección armada.“ (…)
“Jamás negamos que el partido comunista tenía el deber de participar en la guerra de la burguesía y la pequeña burguesía del sur contra los generales del norte, agentes del imperialismo foráneo. Jamás negamos la necesidad de un bloque militar del partido comunista y el Kuomintang. Por el contrario, fuimos los primeros en proponerlo. Exigimos, sin embargo, que el partido comunista mantuviera su independencia política y organizativa, es decir, que tanto en la guerra civil contra los agentes locales del imperialismo como en la guerra nacional contra el imperialismo, la clase obrera, a la vez que permanecía en el frente de la lucha militar, preparara él derrocamiento político de la burguesía. Mantenemos la misma política en esta guerra. No cambiamos un ápice nuestra posición “ [Sobre la guerra chino-japonesa] León Trotsky 23 de septiembre de 1937.
Aunque un poco largas, estas citas son clarificadoras de la política de unidad militar e independencia política. Ejemplo que el mismo Trosky retomaría en 1938 al referirse a una hipotética agresión de la inglaterra imperial contra Brasil, dirigido por la dictadura de Getúlio Vargas (el “Estado Nuovo”). En ese caso vuelve a argumentar que el lugar de los troskistas era la unidad militar con la dictadura contra la “democracia” imperialista inglesa. En todos los casos manteniendo la independencia política.
El 1982 la Inglaterra de Margareth Thatcher decide enviar a la “Task Force” de 127 buques a Malvinas para derrotar la recuperación de las islas a manos de la dictadura militar genocida dirigida por el general Leopoldo Galtieri. Fué un hecho que sacudió al mundo. La dictadura que había dado un golpe de estado en 1976 había sido de las más sangunarias habiendo desaparecido a más de 30.000 personas. Había perseguido a todas las variantes de izquierda y peronistas hasta la muerte o el exilio y entregado en bandeja a Estados Unidos la economía Argentina en complicidad con la gran burguesía. Para 1981 el rechazo a la dictadura era importante. En Noviembre se había realizado la inmensa marcha a “San Cayetano” dirigida por la CGT al calor del canto “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”. También las Madres de Plaza de Mayo habían iniciado las marchas de la resistencia exigiendo el paradero de sus hijos desaparecidos y tomaba forma la “multipartidaria” que exigía una salida democrática. Ante este panorama en 1982 la dictadura decide recuperar Malvinas con la “Operación Rosario”.
Nuestro partido en ése momento, el PST, bajo el liderazgo de Nahuel Moreno tomó una audaz decisión y continuando con la tradición troskista se ubicó en el campo militar antiimperialista contra inglaterra manteniendo su independencia política de la dictadura. Moreno en su libro “Argentina: Una revolución democrática triunfante“ de 1983 lo expresa de la siguiente manera:
“El partido captó con rapidez, aunque demoró unos días, quizás una semana, el significado de la Guerra de las Malvinas. El partido comprendió que en la nueva etapa la tarea principal había dejado de ser denunciar al gobierno, y que pasaba a ser el apoyo total a la guerra, el enfrentamiento al imperialismo inglés y el insertarnos en el inevitable ascenso de masas antiimperialista y revolucionario que originaría, según nuestro criterio, la Guerra de las Malvinas. La denuncia del gobierno seguía siendo una tarea esencial del partido, pero cambiando su carácter, reconociendo que el eje pasaba por la guerra y el enfrentamiento al imperialismo inglés y a su socio, el imperialismo yanqui. Se combinó la consigna de defensa del nivel de vida de los obreros y de defensa de los sectores oprimidos y represaliados por el gobierno militar con el ataque al gobierno por su incapacidad de llevar la guerra hasta el fin, por su incapacidad de atacar al imperialismo en forma total. Es decir, denunciamos al gobierno por incapaz de ser antiimperialista consecuente y llamamos a reemplazarlo para imponer un gobierno que llevara la guerra contra el imperialismo en todos los terrenos, apoyándose en la movilización del pueblo.
Creemos que esto fue un acierto histórico hecho por el partido y que fue acompañado por toda la LIT, aunque, como toda línea, con algunas dificultades en la aplicación por demorar en la comprensión del nuevo fenómeno. Lo concreto es que el partido cambia toda la estructura de su programa y su política para hacerla girar alrededor de la Guerra de las Malvinas. Este acierto se reflejó inmediatamente en la situación del partido, que se ligó al movimiento de masas, comenzó a intervenir en la legalidad que se abrió con la guerra, comenzó a meterse de lleno en grupos y organizaciones de masas que apoyaban la guerra, y esto le permitió, en uno o dos meses, ampliar su militancia al doble aproximadamente, y abrirse a la perspectiva de seguir ganando cada vez más y más, de lograr un crecimiento muy grande ampliando enormemente su esfera de influencia. Esto fue así hasta que terminó la guerra y se abrió la crisis revolucionaria.”
Una salida obrera y socialista para Irán
Por todo lo dicho es necesario articular un programa que de respuesta a la guerra imperialista y las demandas del pueblo iraní expresadas en los procesos revolucionarios.
Para vencer al imperialismo yanky es necesario combatir junto a los soldados iraníes contra el imperialismo norteamericano. Al mismo tiempo es necesaria la movilización de los trabajadores y el pueblo para exigir y conquistar las medidas que puedan hacer retroceder a Estados Unidos.
Urgente reestablecimiento de las libertades democráticas iraníes, especialmente el funcionamiento de partidos, sindicatos y agrupamientos por ciudades y pueblos para permitir la autodeterminación obrera y popular. Fin a toda represión y libertad a todos los detenidos por luchar y en las protestas de inicios de año.
Armamento generalizado de la población para derrotar cualquier incursión terrestre como las anunciadas por Estados Unidos y tropas Kurdas desde Irak.
Expropiación de todo bien extranjero en Irán que no esté enfrentando a Estados Unidos.
Llamamiento internacional de solidaridad activa de los pueblos reclamando apoyo político y militar pesado a otras naciones. Establecimiento de puentes y salvoconductos para brigadas internacionales de apoyo y solidaridad.
Un llamado especial a la clase trabajadora del mundo, en especial a la de Estados Unidos y los países aliados a actuar decisivamente en detener la maquinaria de muerte de Trump. Paros, cortes, sabotajes, interrupciones y toda acción que impida que mas bombas imperialistas caigan sobre Irán.
La derrota de la flota yanky, su retiro de la región y la soberanía plena de Irán sobre su territorio y sus recursos será un triunfo para los trabajadores y sectores explotados del mundo.
Por un gobierno socialista de los trabajadores y el pueblo iraní.
